En nuestro sistema educativo se ha impuesto desde hace tiempo la promoción automática, y el “esfuerzo” ha llegado a ser algo tan importante como los resultados, o más. Es relativamente normal oír en las sesiones de evaluación: “Ha sacado un 3, pero se ha esforzado. Apruébalo”. Esto, por supuesto, no tiene nada que ver con la vida real, donde se recompensa las cosas bien hechas y se ve mal el fracaso. De hecho, ¿qué pensaríamos cualquiera de nosotros si el fontanero que viene a nuestra casa a arreglar el grifo lo deja peor que antes? ¿Le pagaríamos porque “se ha esforzado mucho” o “lo ha hecho lo mejor que sabía"? Pues los alumnos de hoy son los profesionales de mañana, y no es eso lo que están aprendiendo en la escuela. Yo, desde luego, no quisiera que me operara un médico que aprobó su carrera, en vez de por saber medicina, por “esforzarse mucho”...
A pesar de la palabrería que usamos muchas veces los profesores, los psicólogos, los psicopedagogos, etc. sobre que lo importante “no es ganar, sino participar”, en la vida hay competencia, con ganadores y perdedores. Algunos consiguen trabajo. Otros no. Algunos consiguen un ascenso en su empleo. Otros no. Nuestra educación, en cambio, está llena de lo que algún autor ha llamado “principio de Alicia en el País de las Maravillas”. ¡Premios para todos! Sólo por participar. Para aumentar su autoestima (¡!!!!!) Que nadie se sienta mal por no hacer las cosas bien. Promoción automática. Al contrario de lo que sucede en la vida real, en nuestro sistema educativo los resultados no cuentan. Dice la ley, por ejemplo, respecto a la titulación de ESO:
Los alumnos que superen todas las materias de la etapa obtendrán el título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria. Asimismo podrán obtener dicho título aquellos alumnos que hayan finalizado el curso con evaluación negativa en una o dos materias, y excepcionalmente en tres, siempre que el equipo docente considere que la naturaleza y el peso de las mismas en el conjunto de la etapa no les ha impedido alcanzar las competencias básicas y los objetivos de la etapa.
Eso quiere decir que, de 10 asignaturas, se puede suspender 3 y no pasa nada. Yo no conozco ninguna fábrica en la que, de cada 10 sofás, un trabajador haga 7 (y algunos a medio hacer, como los aprobados con un 5 son sólo la mitad de una asignatura bien hecha) y le sigan pagando el sueldo. Sacar todo con cincos menos tres suspensas supone una productividad del 40 %. Ninguna empresa que yo conozca aceptaría eso. (Y si lo aceptase, se hundiría en dos días). Pero los alumnos acostumbrados a esa falta de exigencia son los que van a salir luego al mercado laboral.
Este sistema en realidad produce justo lo contrario de lo que pretende, y se convierte en un ataque a la verdadera autoestima. A los estudiantes no se les enseña a afrontar y superar el fracaso, a levantarse y continuar luchando; simplemente, se les evita cualquier apariencia de fracaso. Pero, en algún momento, los jóvenes tendrán que aprender a perder. Porque si no han aprendido a fracasar, la vida va a ser para ellos una sorpresa muy, muy desagradable.

Muy acertado este post y muy interesante tu planteamiento. Nuestro sistema educativo es una silla de tres patas y no se corresponde con la realidad social. Luego pasa lo que pasa.
ResponderEliminarLo cual tampoco hay que confundir con un individualismo a ultranza sólo centrado en los resultados, dejando de lado a las personas. Pero, como tú dices, Paz, el sistema educativo actual no se corresponde con la realidad social.
ResponderEliminar¿Y qué hay de aquéllos que se esfuerzan, que sacan las mejors notas, que trabajan duro pensando en su futuro? ¿Cómo se les queda el cuerpo cuando ven que a final de curso todos obtienen el título, incluso los que no se esforzaron como ellos, ni sacaron las notas que ellos, ni trabajaron pensando en el día de mañana?
ResponderEliminarUtilizaré una frase de tu última entrada:
Eso sí que NO ES JUSTO!!
Echo de menos la escuela de mi adolescencia.