Leí “Rayuela” con 16 años, regalo de una tía mía que por entonces leía mucho a Vargas Llosa y el boom latinoamericano y esas cosas. En aquellos tiempos yo ya era un aficionado a los libros, pero los usaba siempre de la misma forma: abría el volumen, me metía en la historia, la disfrutaba más o menos, y salía de ella con la palabra “FIN”. Hasta que cogí “Rayuela”. Para empezar, la novela se podía leer de varias formas: alterando el orden de los capítulos, saltando de uno a otro, prescindiendo de algunos… Me atrapó su lenguaje y su forma de “literaturizar” el jazz, pero también el modo en que por primera vez un libro jugaba conmigo, me zarandeaba, me obligaba a pensar… Esa mezcla de ficción y filosofía, de música y búsqueda, de bohemia y amistad, de texto y significados, me persiguió durante mucho tiempo, y consiguió que después todas las novelas que leía me parecieran planas y sin profundidad.
Tardé tiempo en volverme a interesar por una historia clásica (de “Rayuela”, y sin salir de Cortázar, pasé a los cuentos, y de allí a Onetti – creo que fue el “Chacal” de Forsyth el que me volvió al redil de la diversión por la diversión), pero nunca olvidé lo que debía a esta novela. “Rayuela” ha ocupado siempre un lugar de honor en mi biblioteca, y aunque comprendo a los que no les gusta o no han podido terminar de leerla, es sin duda uno de los libros que yo me llevaría a la famosa isla desierta.

Es cierto. Fue un experimento que salió bien. Con ella aprendí lo que es 'ritmo' en literatura. Luego vinieron 'Los premios', 'El libro de Manuel', los Cronopios, etc..., y no olvido su excelente traducción de los cuentos de Poe.
ResponderEliminarExcelente reseña de una Novela que nos ha marcado a todos aquellos que aspiramos a escribir bien y con alguna novedad! Ciertamente un texto de gran inspiración y una lectura obligada por siempre!
ResponderEliminar¡Ah!, esa Maga... ¡Qué personaje!
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