martes, 21 de junio de 2011

Historias de la "mili"

   Aunque soy de las personas que opinan que las guerras sólo son heroicas en el cine (después de ver “Apocalypse Now”, ni siquiera eso), y por tanto no siento una especial simpatía por lo militar, guardo de mi año y medio en el Cuartel de Instrucción de Marinería de Cartagena un recuerdo que el paso del tiempo va transformando casi en ficción.
    En la “mili” aprendí –no es fácil- a ser uno más, a trabar amistad con auténticos desconocidos, a convivir con la disciplina, a echar una mano, a hacer las cosas porque era tu deber y punto. Aprendí a hablar catalán (18 meses en una brigada con mayoría de cabos catalanes dan para eso y más), compartí bromas con Coto Matamoros, dirigí a Loquillo en el equipo de baloncesto, intimé con falangistas y comunistas, me aficioné a la Filosofía, creí que cualquier cosa era posible, en el país y en mi vida.
    El 23-F me sorprendió armado y de guardia. Los acontecimientos de esos días darían para escribir una novela, pero a nosotros nos reafirmaron en que no había vuelta atrás. Por muy distintos que fuéramos unos de otros, teníamos un futuro en común, y eso era lo importante. Nunca vi a nadie echar en cara a otro sus diferencias, porque eso eran asuntos menores. Contaban las personas, no las ideologías o los idiomas. Echo de menos esos tiempos, porque hoy siento que estamos perdiendo definitivamente su espíritu.


2 comentarios:

  1. Ahora muchos te dirían...¿De verdad que pasó eso o lo estás poniendo en modo romántico para que quede mejor? ¿De verdad que dejasteis de lado las diferencias por una cosa común?

    A mi encanta. Es como la tregua de Navidad de 1914- seguro que has visto la película pero si no la has visto te la recomiendo-
    Estas cosas SI que pasan,los milagros SI existen y lo que cuentan al final son las personas.

    ¡Un saludo!
    María

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  2. Tienes razón, María. Pero es que era así. Recuerdo que para asistir a una convivencia religiosa tuve que cambiar una guardia; me la cambió el cabo más ateo y anticlerical de la brigada. El idioma "oficial" era el catalán, pero no hubo un solo incidente por cuestiones de idioma; entre nosotros había un falangista militante y varios comunistas, pero no conocí roces por motivos políticos. Hubo momentos menos buenos (estábamos en la mili, después de todo), pero estábamos viviendo lo mismo, y entre nosotros se imponía el sentimiento de camaradería.

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