domingo, 26 de junio de 2011

Historia de la televisión (y VII). Dominio total.

A comienzos del siglo XXI, la televisión parecía haberse apoderado por completo de la humanidad. Era el aparato que todos tenían, ricos y pobres, y que solía hipnotizar a la familia entera en la sala de estar, dejando para más tarde conversaciones, paseos, hobbies… “Poner la tele” era un acto tan reflejo e inconsciente como respirar, y daba la impresión de que el dominio televisivo era ya total. Pero sólo en apariencia.
   Cuando todos los hogares tenían su televisor, generalmente en el salón, las discusiones sobre qué programa ver se saldaron en última instancia con la compra de nuevos aparatos, uno para cada habitación o cada miembro de la familia. La televisión ya no congregaba a la unidad familiar, sino que la disgregaba, sumiéndola en un autismo total.
 Por si esto fuera poco, dos nuevas mutaciones del virus volvieron a renovar por completo el parque de televisores en nuestro país: la llegada de la TDT (con el consiguiente apagón digital) y los nuevos aparatos de pantalla plana. Con los televisores planos (plasma, LCD, LED..) el virus cogió nuevo impulso: los televisores de rayos catódicos pasaron a mejor vida, y el televisor salió de los hogares para ocupar toda parcela imaginable de la actividad humana: salas de espera, tiendas, ascensores, estaciones de metro, hasta en los teléfonos móviles… La televisión se hace gigante (con pantallas de hasta 50 pulgadas) y enana (con la TV en el móvil o en el reloj). Las nuevas cadenas, por su parte, competían por los minutos de atención de los usuarios (el conocido “share”) y lo asaltaban con contenidos cada vez más desquiciados y estrambóticos: desde Gran Hermano, el concepto de “telebasura” ha ido asentándose imparable en nuestra sociedad.
Desde entonces, se suceden mutaciones menores: la alta definición, las tres dimensiones… La televisión nos ha invadido totalmente, y se ha apoderado de nuestras vidas. Lo que comenzó siendo una curiosidad para gente adinerada, ha terminado ocupando el lugar de honor en nuestro quehacer cotidiano. De tal manera que, muy posiblemente, lo último que veamos antes de abandonar este mundo, en la habitación de un hospital, sea esto:


7 comentarios:

  1. Año 1996. Me ingresan en La Paz, en Madrid, cinco días encerrada en una habitación en el ala de Medicina Nuclear. Lo primero que hago es desenchufar la tele y darle la vuelta. El tercer día puedo tener visitas (ya no estoy tan radiactiva, supongo), viene mi abuela, y antes de decirme: "¿cómo lo llevas?" o: "Pues no tienes mal aspecto", busca la tele y cuando la ve dice: "Pero hija, ¿por qué le has dado la vuelta a la tele, si no tienes a nadie más que te haga compañía?"

    Genial, Magnus, me ha encantado tu exposición.
    A ver con qué nos sorprendes la próxima vez.

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  2. Eres muy resistente al virus, Bea, por lo que estoy leyendo. Eso está fenomenal. Y es lo que dice tu abuela, la tele está sustituyendo a las personas (cuántos ancianos sólo tienen a la tele para que les diga algo) y nos está des-humanizando de una manera que no nos damos cuenta. Gracias de nuevo por tus palabras y tus comentarios.

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  3. Un artículo estupendo y muy completo. Creo que has reflejado todos los pasos de la evolución.
    En casa la vemosmuy poco, ni siquiera mis hijos (Bueno, se ven las noticias y yo veo algunas series) pero si hay una cita todos los días con un programa ¿Adivinas cual es? Tachan... Los Simpson. Creo que estos se merecen un estudio a parte. ^___^

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  4. Gracias, Menchu. La verdad es que la historia de la televisión da para mucho más, pero he querido resumirla en ese ir apoderándose de los espacios familiares y sociales, poco a poco, como un organismo vírico que nos debilita y se adueña de nuestro cuerpo. Sobre los programas (y en particular los Simpson) habría bastante para hablar.

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  5. Pues si te falla la inspiración... yo voto por los Simpson! (deben de ser muy viejos, si yo los he visto muchas veces y hace quince años que no veo la tele...
    ¿Sabes lo más raro? Que vivo sola con mi gato. Lo normal es que la gente que vive sola encienda la tele nada más llegar a casa, por eso de sentirse acompañado, ¿no?
    Pero yo prefiero el silencio....

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  6. ¡Ah! Magnus, La historia de la televisión es fascinante, y de la manera como la has relatado, más. Te diré algo:

    Tengo un solo televisor en mi casa y está en mi dormitorio. Durante el día no estoy en casa; cuando llego lo primero que hago después de ponerme cómoda es ir al pc. El televisor lo enciendo cuando voy a dormir, es la única forma en la que puedo conciliar el sueño, y es una pena, porque a veces me pierdo buenos programas. No creo que todo lo que pasan por la tv sea mediocre, hay algunos programas excepcionales, me gusta History Channel, National Geographic, y todo lo relacionado con asuntos de descubrimientos en el espacio; también me gusta escuchar noticias internacionales pues con el cable hay acceso a más de 200 canales, así que no digo que soy enemiga de la televisión, pero si me dieran a escoger, preferiría la lectura.

    Estoy empezando a acostumbrarme a la soledad, y la tele, las redes sociales la lectura y la escritura, están empezando a llenar ese profundo vacío.

    Saludos!
    Blanca

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  7. Así es la historia de la televisión, como tú la has contado. Lo que no sabemos es cómo acabará... Me temo lo peor, todavía hay lugares donde no se ha instalado. Piensa, piensa.
    En casa somos dos en esto momentos, y hay 4 televisiones. No lo entiendo, como mucho, la vemos una o dos horas diarias. Pero quién se resiste a un plasma, con lo bien que queda en ese rincón...
    Un saludo.

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