viernes, 24 de junio de 2011

Historia de la televisión (II) Así empezó todo.


  Como invento, la prehistoria de la televisión abarca desde finales del siglo XIX a 1935. Diversos artilugios desembocan en los años 20 en la aparición de dos sistemas de televisión, uno llamado “mecánico”, que empezó sus emisiones de prueba en 1929 en Londres en colaboración con la BBC, y otro denominado “electrónico” que comenzó a emitir en 1931 desde el Empire State Building de Nueva York, con la compañía RCA. Por su mayor calidad, terminó imponiéndose el sistema electrónico: el sistema mecánico ofrecía una imagen de 30 líneas y 12,5 imágenes por segundo, mientras que el electrónico ofrecía el triple de líneas y el doble de imágenes por segundo. (Para hacernos una idea, un televisor con sistema PAL ofrece 625 líneas y 25 imágenes por segundo; la televisión de alta definición tiene estándares de hasta 1.080 líneas y 60 imágenes por segundo).
     Los orígenes de la difusión pública de la televisión son humildes: en 1939, la BBC emitía 14 horas semanales, que tuvo que interrumpir a causa de la guerra; dos años después, en 1941, el número de televisores en los hogares estadounidenses era de unos 5.000, y su fabricación tuvo que ser interrumpida para dedicar los recursos a la industria bélica. La recuperación tras la guerra fue lenta, porque no se trataba de un sector prioritario, y los esfuerzos de reconstrucción se dedicaron a cosas más importantes. En Estados Unidos, el modelo de desarrollo fue de empresas privadas en libre competencia, mientras que en Europa el sector público monopolizó el crecimiento del medio televisivo.
     Cuando la tele llega a nuestro país, en el año 1956, la inmensa mayoría de los hogares ya disponían de aparato de radio, suficiente para disfrutar de la música, las noticias, las novelas y obras teatrales y hasta del consultorio de la señorita Francis. Todo ello, además, con la posibilidad de continuar realizando otras actividades de la casa, estudiando, etc. En cuanto a lo visual, la retransmisión de películas o partidos en una pantalla tan pequeña no tenía punto de comparación con el espectáculo a tamaño natural, que cualquier pueblo mediano tenía a su alcance las tardes de los domingos. La televisión no parecía, a priori, un competidor serio para la radio y el cine.
     Las primeras “teles” entraron en los hogares españoles más como símbolo de nivel económico que como instrumento de entretenimiento. Cuando empezaron las emisiones de Televisión Española, había 600 aparatos en toda España. Tener uno de aquellos televisores era todo un lujo: en 1959 (el año que nació un servidor, por cierto) los televisores Marconi, de importación, costaban unas 15.000 pesetas, en una época en que la renta per cápita era de 18.472 pesetas anuales, y un “Seiscientos” costaba alrededor de 65.000.
   Muchos comentaristas de prensa, por lo menos hasta los años 60, dudaban de que la televisión se consolidara en nuestro país. Incluso Enrique de las Casas, jefe de programas de TVE, escribió en 1959 que “no olvidemos que por una serie de razones etnológicas y definitorias, el pueblo español no parece ser un consumidor nato de TV. Ni el clima, ni el estilo de vida, ni las cualidades imaginativas de la gran masa española parecen hacer de ella un buen cliente para la TV”.  No sabía lo equivocado que iba a estar. La tele ha cambiado el estilo de vida, las “cualidades imaginativas” de los españoles, y, si nos ponemos, hasta el clima.

2 comentarios:

  1. Pese a que el tema no es de mis favoritos (yo no veo la tele), me está encantado la exposición; adoro la Historia, así como aprender. Eres muy buen profe.
    Un abrazo, compañero de viaje

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  2. Muchas gracias, Bea. Me alegro que te interese. La verdad es que es un tema que tiene muchas curiosidades.

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