miércoles, 29 de junio de 2011

Adolescentes e injusticia


El adolescente medio usa la frase “No es justo” o similares unas 8,6 veces al día. Sin embargo, reconocer que la vida no es justa no es más que reconocer la realidad. El terremoto de Haití, el tsunami, las plagas, las hambrunas... no son justas. La genética no es justa. Los buenos no siempre ganan. No es justo que Fernando Alonso gane en un año lo mismo que 700 profesores juntos, o que Belén Esteban gane más que el presidente del gobierno.
     No podemos controlar la “injusticia” del mundo. Lo que podemos controlar es el modo en que reaccionamos y lo que hacemos para luchar contra ella. Cómo respondamos determinará qué clase de persona seremos.
     Normalmente, las quejas de nuestros hijos sobre la injusticia no tienen nada que ver con la propia justicia, sino que son muchas veces una reacción ante el hecho de que tienen que asumir responsabilidades en su vida; que sus acciones y sus elecciones tienen consecuencias; que para tener dinero en el bolsillo hay que trabajar; que tienes que arreglar lo que has roto; que tienes que pedir perdón cuando haces daño a alguien, que no tienes las recompensas que otros ganaron mientras tú estabas tumbado en la cama jugando con la Play. Nada de esto es injusto.
      Hemos querido que a nuestros hijos no les falte de nada, y han terminado pensando que cuando no tienen todo lo que quieren... no es justo.
       Pero no conseguir lo que quieres no es injusto. La decepción es un síntoma de la vida, no una señal de que el mundo te está tratando mal. El hambre en el mundo es injusta. El cáncer es injusto. No poder hablar en clase cuando a ti te apetece NO es injusto. Que la empresa de tu padre cierre y él se quede en el paro es injusto. Que tengas que bajar el volumen del tocadiscos para que tus hermanos puedan estudiar NO es injusto. Que en el mundo haya 77 millones de niños sin escolarizar es injusto. Que tus amigos tengan un móvil con más megapíxels que el tuyo NO es injusto. Por eso los jóvenes tienen una elección: o eligen sumarse al coro de eternos quejicas o reconocen que tiene que asumir la responsabilidad de su vida y aprender a vivir con ella. Y el papel de los padres en la educación para ejercer la responsabilidad es completamente insustituible.

4 comentarios:

  1. ¿Es posible que escribas algo que supere a la anterior entrada, la que ya afirmé que era la mejor de todas las que he leído hasta la fehca, mi favorita indiscutible?
    Es posible.
    Ésta es mi favorita, sin duda.

    Espero la de mañana.

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  2. Hoy tienes una nueva lectora, mi niña, de once añitos. Hace un ratito le he pedido que recoja sus cosas antes de desaparecer entre ellas y me ha dicho: No es justo que tenga que hacerlo yo!!!
    Como escarpias se me han puesto!
    Un beso Antonio!

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  3. Me alegro que os guste la entrada. Como padre de cinco hijos, he escuchado lo de "No es justo" muchas veces, y como profesor otras tantas. Pero esa es labor educativa nuestra: enseñar a la siguiente generación a distinguir lo que de verdad es injusto de lo que no lo es. Un saludo.

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  4. Buena reflexión, Magnus. Ya sabes que yo, por ahora, pienso mucho en los adolescentes y en el apoyo que deben recibir de sus padres. Un abrazo
    Victoria Cardona

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