La literaria, como cualquier otra carrera, debe mucho a la paciencia y a la perseverancia. Todos hemos oído historias de manuscritos arrojados a la basura, de rechazos editoriales, del largo camino de incomprensión, trabajo, más incomprensión y más trabajo que precede al éxito. J.K. Rowling, por ejemplo, recibió una veintena de cartas de rechazo antes de vender millones de copias de la saga de Harry Potter, y cuentan que tenía antes que esperar a que le devolvieran el manuscrito para enviarlo a otra editorial, porque el dinero no le daba ni para fotocopias. Así que los primeros consejos que recibe un aspirante a escritor son: no te desesperes, inténtalo una y otra vez, escribe y vuelve a escribir, corrige, no dejes lugar al desánimo, confía en ti mismo…
Todo lo anterior está muy bien si eres joven y quieres empezar una larga vida literaria: lo mejor será que vayas modelando tu espíritu por los caminos de la resistencia, la resignación y la impermeabilidad al desaliento. Estupendo. Pero, ¿y los que ya no tenemos edad ni paciencia para empezar el largo camino de sufrimiento y soledad hacia el estrellato literario? No hay problema. También tenemos nuestros propios modelos de vocaciones tardías. Ildefonso Falcones, por ejemplo. Es de mi edad. Abogado de profesión, tardó cinco años en escribir su primera novela, “La catedral del mar”, la publicó a los 46 y fue un éxito de ventas. John Verdon, publicista jubilado, ha vendido sólo en España 200.000 copias de su primer libro “Sé lo que estás pensando”. O Leopoldo Abadía, profesor también jubilado, que revolucionó primero Internet y luego las librerías con su “Crisis ninja”. Por no hablar de mi querido Frank McCourt: sufridor profesional y colega en esto de la enseñanza, se decidió a escribir su historia cuando se retiró de las aulas. “Las cenizas de Ángela” fue premio Pulitzer, best-seller mundial y llevada al cine por Alan Parker. Sin contar con muchos otros casos que por desidia no me he molestado en investigar, y que hacen que la literatura no sea territorio exclusivo de personalidades perseverantes y obstinadas.
Moraleja: nunca es tarde para empezar a ser un escritor de éxito. ¡Abueletes al poder!
Buen consejo, Magnus.
ResponderEliminarRecuerdo cuanto tenía 21 años y me planteaba comenzar a escribir. Leí (de no se quien, no se donde) que había que esperar a los 50 para comenzar a escribir, pues antes de esa edad la mente no está lo suficiente madura.
Me desesperé pues tenía ganas de escribir. Ahora tengo 43, y he publicado recientemente. Tal vez no iba del todo mal aquel lejano consejo.
Aunque pienso que si hay talento cualquier edad es buena; solo es cuestión de ponerse y muuuuucha paciencia, eso sí.
Un abrazo.
Nunca es tarde si la dicha es buena. Suena a abuelita pero a fin de cuentas, en cien años, todos calvos.
ResponderEliminarBss
Pues sí, los tardíos también llegan, pero aunque dices que ya no es edad de paciencia, que ya hemos quemado muchas cosas por el camino, con los tiempos que corren no queda otra cosa que ser perseverante y actuar como si tuvieras los veinti y pocos que ya ni recuerdas. Pero la esperanza es lo último que se pierde.
ResponderEliminarMarta Q.
¡Jajaja!!! Lo de abuelitas al poder es una metáfora perfecta para la actualidad. ¡La población envejece!
ResponderEliminarSi te digo la verdad, yo nunca he creído que la edad fuera importante cuando se trata de los procesos creativos. Cada uno madura de una manera distinta y la vocación te alcanza en diferentes etapas de una vida. La clave está en no renunciar a los sueños y luchar por ellos cuando aparecen, de manera que seas feliz en el proceso y avances hacia lo que a ti te gusta.
Así que ya ves, ¿qué más da cuantos años se tienen si se sabe lo que se quiere?
¡Saludos!!!
Efectivamente, nunca es tarde para "casi" nada. Es cuestión de llegar al momento apropiado para cada uno y como bien apuntas, perseverancia, paciencia, correcciones y mucho trabajo. Lo malo de tener "ciertos años" es que a veces falta la energía, que, creo que se puede compensar con la experiencia.
ResponderEliminarYo soy de los tardíos y desde luego no puedo quejarme.Considero que siempre hay que luchar por los sueños.
En una cosa tenían parte de razón, Jordi: con la edad, adquieres unas experiencias y tienes unas lecturas detrás que no son posibles cuando eres joven. Ahora que has publicado ya conoces (más o menos) por dónde va el camino, imagino que será todo un poco más fácil.
ResponderEliminarAnita, coincido contigo en lo de los cien años, todo hay que verlo con un punto de sano escepticismo, incluido el éxito literario.
Es verdad que se puede tener espíritu juvenil y ganas de empezar a cualquier edad, Marta. Pero yo creo que conforme ves que se te acaba el tiempo de vivir vas más a lo esencial, no te metes en muchos proyectos a largo plazo. Y luego está el talento, porque el que lo tiene, lo tiene (da igual la edad a la que empiece a desarrollarlo).
Pat, tú lo has dicho mejor que yo: no hay que renunciar a los sueños cuando aparecen, aunque aparezcan tarde. Y escribir es algo que se puede hacer a cualquier edad (en cambio, ganar los 100 metros en las Olimpiadas ya no puedo hacerlo).
No digas que eres de las tardías, Menchu. A ti aún te queda una larga carrera por delante, de lo cual me alegro. Estoy contigo: siempre hay que luchar por los sueños.
Para mí han sido las circustancias y no la edad la que ha determinado mi tardía vocación. Sin embargo siempre sentí la necesidad de escribir, pero nunca se me ocurrió que pudiera escribir para otros. Hoy es mi ilusión, mi sueño y eso me hace feliz, si tengo exito literario será circustancial, mi felicidad es ya un exito.
ResponderEliminarPues yo no sé si he ganado en experiencia, pero desde luego en paciencia sí, muchísimo. Creo que lo bueno de hacerse mayores es eso: que tienes menos prisa, más paciencia, y las ideas más claras. Yo tengo las ideas claras desde hace treinta años, y mi vocación no fue tardía, qué va, nací con la necesidad de escribir y (creo) con cierto talento para ello. Pero nunca he pasado por las negativas o el rechazo, porque nunca fui lo suficientemente valiente como para lanzarme a la búsqueda de una editorial. Ahora sé un poco mejor lo difícil que es publicar, pero soy más valiente, y paciente. Y me digo, ¿quién sabe? ¿Por qué no, en un futuro próximo?
ResponderEliminarNunca hay que renunciar a ciertos sueños...
Antonio, me alegro mucho de que la propia actividad de escribir te proporcione felicidad, y yo creo que eso se transmite en la escritura. Aunque yo creo también que el éxito literario es adictivo; es comprobar que lo que escribes gusta a más gente, y eso te lleva a seguir escribiendo.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo contigo, Bea en que no hay que renunciar a ciertos sueños, y en tu caso creo que están muy cerca de cumplirse: tu persistencia en la vocación es un signo de ello. A lo que yo me quería referir en la entrada es a las personas que, sin previo interés por escribir, de pronto tienen una historia en la cabeza y se ponen con ella (lo que viene a ser más o menos mi caso). Porque a mí, lo que de verdad me gusta, es leer.