martes, 19 de julio de 2011

Elogio de la lectura

   En las condiciones más adversas, un libro es capaz de crear su propio universo dentro de nosotros, de hacernos vivir otra vida, que también es nuestra vida. Los libros nos han animado, nos han consolado, nos han estimulado a ser mejores, a ser la mejor versión de nosotros mismos. Me duele entrar a una casa y ver  las estanterías vacías de libros (y no por falta de dinero) y llenas de fruslerías Made in China, contemplar la soledad de la bibliotecaria municipal, los jóvenes en el parque jugueteando con el móvil, la cara de asco que pone algún sobrino cuando le regalas una novela juvenil... Pero... ¿qué daño les habrán hecho esos objetos? ¿Quién los habrá vacunado contra la increíble aventura de leer? Quizá -digo yo- la lectura sea un placer que requiera de ciertas carencias (de riqueza, de afecto, de superficialidades) para ser disfrutado. O quizá no lo valoramos porque está prácticamente al alcance de todo el mundo. No lo sé. El caso es que cuento los libros que he hecho el propósito de leer, calculo los años que me quedan de vida (tirando por lo alto, eso sí), y me arrepiento de inmediato de estar delante del ordenador en lugar de entregarme plácidamente al vicio lector.

4 comentarios:

  1. Resígante Magnus, no podrás leerlos todos, pero has disfrutado de los que has leído. Ah y también hay que reservar parte de ese tiempo para escribir. No lo olvides ;)

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  2. Intentaré seguir tu consejo, aunque tengo bastante arraigada la obsesión por los libros. Y me cuesta comprender a la gente que no lee, será que yo lo he asociado a momentos tranquilos y a liberación de preocupaciones...

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  3. Le comprendo. Yo también me he echado esas cuentas... y el resultado es desolador. Confío, eso sí, en la existencia de una biblioteca eterna en el más allá.

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  4. Cuando era pequeña, imaginaba el Cielo como una biblioteca infinita. Ahora que no estoy segura de si el Cielo existe, me dedico a disfrutar de cuantos libros caen en mis manos, por si acaso el mundo se acaba mañana y no hay ninguna biblioteca esperándome en el Más Allá.
    Conozco a mucha gente que se jacta de no haber leído un libro en toda su vida. No entiendo a esa gente. La compadezco. Y doy gracias cada día por haberme criado en una casa llena de libros, y con unas personas que me permitieron sacarlos de las estanterías para que pudiera disfrutarlos, para que aprendiera a soñar.

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