Mientras mi mujer está estudiando, mis hijos desayunan y los albañiles de la obra de al lado inician algo parecido a la tercera guerra mundial (¿son necesarios los cañonazos para remozar una fachada?), me pongo delante del ordenador a escribir. Tengo dos libros a medio hacer: una novela -casi terminada- y cien páginas de otro trabajo a cuatro manos con un amigo. El libro con el amigo tiene editor y fecha de publicación, falta un detalle menor: las cien páginas. Pero antes que nada tenía que escribir una entrada en el blog. De lo contrario, muchos de aquellos cuyos rostros aparecen debajo del rótulo “SEGUIDORES” se darán hoy una vuelta por aquí y no encontrarán nada nuevo.
A esas personas no las puedo defraudar. Son amigos virtuales, amantes de la lectura y de los libros, acostumbrados a ir de blog en blog, que se pasan una media de 6 minutos y 43 segundos curioseando por el mío. Gente exigente, en una palabra. Si pierden casi siete minutos de su tiempo leyendo lo que escribo, qué menos que sacarles una sonrisa, una ligera emoción agradable que les recuerde: “vuelve a pasarte mañana”. Lo quiera o no, la presión me agarrota los dedos sobre el teclado. Acaban de parar los dinamiteros de la vecina, y pongo “Night and day” en el equipo de música. La voz de mi mujer me devuelve a ¿la realidad? “Tienes que ir a pagar el campamento del niño. Y luego pásate por Mercadona, aquí tienes la lista. Ah, y no te olvides de llevar a tus hijos a la piscina”. Ya voy. Un momento. Los visitantes de mi blog no se pueden ir de aquí sin su sonrisa. Aunque sea una sonrisa de compasión.

sonrisa no compasiva
ResponderEliminarNo te preocupes, Antonio. Cuando hay calidad, como en tu caso, no es necesario escribir una entrada todos los días. No te agobies que es peor. Un abrazo.
ResponderEliminarMi lema es: nunca escribir por obligación, siempre por necesidad. Aunque adoro la palabra compromiso, y tú haces honor a esa palabra. Por mi parte, si un día miro a la derecha de mi blog y veo que en el tuyo no hay una nueva entrada, no me sentiré decepcionada; volveré a mirar al día siguiente. Porque sé que cada vez que vengo a leerte obtengo placer, satisfacción, inspiración y una o varias sonrisas. Por eso te sigo, no por tu puntualidad sino por tu talento.
ResponderEliminarDe vez en cuando, hasta los genios necesitan descansar. Que los que te seguimos y te queremos vamos a seguir aquí al día siguiente.
Pero si lo haces por necesidad, entonces digo bravo! Porque ésa es la única manera que conozco de escribir, y la más sincera.
La verdad es que si no me obligo a mí mismo a escribir, la pereza y el resto de actividades cotidianas terminan arrastrándome. Pero me acuerdo de los amigos que visitan el blog, y me pongo al teclado. A vosotros os debo que de vez en cuando salga algo con sentido, algo que merezca unos minutos de atención. Así que, de nuevo, gracias por estar ahí.
ResponderEliminarHum... Compromiso, honor, agradecimiento... bien, bien. Me habías hecho pensar que estas cosas sólo existían en historias como la mía...
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