martes, 14 de junio de 2011
lunes, 13 de junio de 2011
Yo quiero un agente literario
No lo digo sólo porque esté escribiendo una novela. Que también, quién sabe. No, lo digo porque para mí, en la profesión de escritor, uno no es nada sin su agente. El (o ella, que parece que en nuestro país todas son “agentas”) es la persona que convierte tu novela en un best-seller, que te consigue anticipos tan grandes que te dan ganas de retirarte a las Seychelles y no volver a trabajar en tu vida, que te quita de encima a los pesados (“-Eso, háblelo con mi agente”) y que se preocupa por tu bienestar físico y espiritual… Todo ello, a cambio de un irrisorio 20% de comisión. (Digo “irrisorio”, porque eso viene a ser lo que habitualmente se lleva Hacienda de mi trabajo, y el fisco no va a colocar mis libros en las editoriales).
Yo quiero un agente literario. Alguien que me despierte por las mañanas y me diga: “¿Cómo va la novela?”, que negocie los derechos de traducción al serbocroata y al gaélico, que consiga una pasta indecente porque algún director yanqui la destroce en el cine, que me pasee por las televisiones para “hablar de mi libro” y me lleve a cenar a todos los eventos del mundillo literario mundial. Seamos sinceros. Yo no escribo para comunicar a la humanidad una verdad inaplazable y arcana. Ni siquiera para expresar mi ancho, largo y profundo mundo interior. Escribo –debo reconocerlo- para tener mi propio agente literario.
domingo, 12 de junio de 2011
Dietrich Bonhoeffer: teólogo, conspirador y mártir.
(De interés para futuros lectores de “No todos moriréis”. Objeto de mi inacabada tesis doctoral, su figura teológica y personal es el punto de partida de uno de los hilos en la trama de la novela).
Dietrich Bonhoeffer (1906-1945) fue un pastor protestante alemán y uno de los teólogos más importantes del siglo XX. Hijo de familia acomodada, estudió Teología en Tubinga y Berlín, hizo sus prácticas como pastor entre la comunidad luterana de lengua alemana en Barcelona (1929) y amplió estudios en Nueva York. Fue profesor en la Universidad de Berlín y ejerció su ministerio en la capital alemana. Opuesto al nazismo, ayudó a la formación de la Iglesia Confesante, no oficial, y dirigió un seminario ilegal en Finkenwalde.
En 1939 se unió a un grupo clandestino de resistencia, a la vez que actuaba como agente doble al servicio de la Abwehr, comandada por el almirante Canaris. También participó en el llamado “Proyecto 7”, para ayudar a escapar a judíos hacia Suiza.
En 1943 fue arrestado, acusado de participar en un complot para asesinar a Hitler, y pasó año y medio en la cárcel de Tegel. Allí escribió sus famosas “Cartas desde la prisión”. En octubre de 1944 fue trasladado de cárcel para ser interrogado, tras el fallido atentado del 20 de julio contra el Führer; en febrero de 1945 volvió a ser trasladado al campo de Buchenwald, y en abril al de Flossenburg. En este último campo, una corte marcial lo condenó a ser ahorcado, ejecución que tuvo lugar el día 9 de abril, dos semanas antes de la liberación del campo por parte de los aliados.
Sus últimas palabras, recogidas por un compañero de prisión, el capitán inglés Payne Best, fueron: “Este es el fin; para mí, el principio de la vida”.
sábado, 11 de junio de 2011
¿Existe la literatura sin lectores?
Hace tiempo participé en una discusión acerca de la necesidad de que existan los lectores para que podamos hablar de “literatura”. Mi postura, que sigo manteniendo mientras no aparezcan mejores argumentos, es que “literatura” es aquello que los lectores digan que es literatura. No existe un “gran escritor” ignorado, porque la grandeza o la pequeñez de un escritor está en manos de sus lectores. Y así, un escritor (o mejor, su obra) puede ser grande en un país y no serlo en otro, clásico en una época y no en otra. No hay nada que podamos llamar espectacular sin espectadores que lo certifiquen. Y no hay ningún Alto Tribunal Literario que decide qué obras son geniales –aunque no lo sepa nadie- y qué obras son basura –aunque el público las compre y las lea.
No tiene sentido hablar de “genio ignorado”, porque la palabra “genio” no existe en abstracto. El genio lo es respecto a una época, a una cultura, a un contexto, a unos lectores en el caso de la literatura. Sin ellos, el "gran escritor” no es más que una entelequia, un fantasma que agitan de vez en cuando ciertos críticos para reclamar la pureza perdida (su particular pureza) del arte. Pero el arte es una construcción humana: los valores artísticos no son eternas ideas platónicas, sino que dependen siempre de los humanos que los valoran, sus intereses y sus cambiantes puntos de vista.
viernes, 10 de junio de 2011
He leído: El círculo alquímico
Como tenía constancia del exhaustivo proceso de documentación que había precedido a la escritura de esta novela (en Facebook se entera uno de casi todo), me animé a pedirla por correo a la librería Estudio en Escarlata, y de paso que me la enviasen firmada por el autor.
Puestos en materia (la lectura de libros de Ken Follett o Vargas Llosa hubo de ser pospuesta sine die a causa de la llegada de la nueva novela) me fui sumergiendo en el particular ecosistema literario que su autor, Paco Gómez Escribano, había ido desarrollando en “El círculo alquímico”. La aparición de un fresco del siglo XVI durante unas obras de restauración de la catedral de Toledo da pie a una acción donde, además de un profesor de la UNED, Carlos, su hermana y una amiga de ésta, Reham, van haciendo su entrada en escena curas, mafiosos, policías, agentes del Mossad… y un misterioso personaje, Boris, que parece poseer muchas de las claves de la historia. El núcleo de la trama lo constituye una búsqueda que en principio es artística, pero que según avanza la trama se va volviendo también policíaca, y que lleva a nuestros protagonistas de Toledo a Jerusalén, y de allí a Egipto… Descripciones pormenorizadas, acción, misterio, arte y esoterismo (y amor, también hay amor), configuran una obra entretenida, inteligente y que se lee de un tirón. Algo que, en un panorama literario donde muchas veces se valora más lo rebuscado y lo pedante en detrimento de la historia que se está contando, es muy de agradecer. Y yo, como es de justicia, se lo agradezco a Paco Gómez Escribano.
Tormenta
En el acantilado se ha enfurecido la tarde:
el compasivo océano, que se queja con rabia
de todo el dolor que yo me callo.
el compasivo océano, que se queja con rabia
de todo el dolor que yo me callo.
jueves, 9 de junio de 2011
El misterio de William Jonas Barkley
William Jonas Barkley es, quizá, un personaje tan literario como sus citas, de las que he ido dejando un pequeño rastro en mis estados de Facebook. Empezando por su verdadera existencia, que no está del todo acreditada, al menos por alguien distinto del que esto escribe. En realidad, el retrato que encabeza estas letras podría corresponderle a él. O no. ¿Qué se puede esperar de un hombre en cuya lápida está escrito: "En lugar de este epitafio, preferiría que leyeran mis libros. Son bastante más extensos, pero tienen la ventaja de que no hay que dejar flores"?
Todos los escritores quieren dejar una obra que pase a la posteridad. Barkley, a lo mejor, quiso ser únicamente posteridad, literatura, palabras que se juntan y que forman un personaje. Él no está entre nosotros, como tampoco lo están Chesterton o Borges. Pero están sus escritos, sus frases sentenciosas y su espíritu literario y a veces burlón. Eso es lo que importa.
He recopilado para este blog algunas de esas citas. Espero que os gusten. A Barkley le habría encantado saber que se le sigue leyendo.
"Cuando tengo un libro entre mis manos, todos los universos se detienen, todos los seres desaparecen, todas las vidas se paralizan... menos en aquel exacto mundo que conjura el texto".
"De mis múltiples vidas, unas están soñadas, otras están escritas, otras imaginadas o pensadas; incluso creo que al menos una ha sido vivida, pero no estoy muy seguro".
"Pocos autores se atreven a tolerar autonomía en sus personajes, por miedo a que decaiga el interés del lector. En la vida real, en cambio, la mediocridad es el precio a pagar por la libertad".
"Los críticos calificaron su libro de 'gran festín literario'. Y no puedo estar más de acuerdo. Era, como los banquetes clásicos, abundante, excesivo, pesado. Al acabar, uno sólo deseaba echar una larga siesta y no volver a repetir la experiencia en mucho tiempo”
"Ah, los bibliotecarios... Todo paraíso tiene su ángel custodio".
"La mayoría de los escritores de ficción tienen un ego desmesurado: construyen universos con palabras sólo para justificarse a sí mismos"
"¿Cómo que el dinero no da la felicidad? ¿Alguien sabe de alguna manera de comprar libros sin dinero?"
"Sé que el mundo existe. Lo he visto. Negro sobre blanco. Entre una portada y una contraportada".
"Todas las autobiografías tienen un grave defecto. Omiten cualquier referencia a la muerte del protagonista."
"La publicidad de un libro debe consistir en el comentario elogioso de sus lectores. Si las llamativas portadas a todo color no acaban con la literatura, nada lo conseguirá jamás".
"Como conversador era un cretino; como escritor, un genio. Así que le retiré la palabra, y me leí sus libros. Ambos salimos ganando."
"Un buen libro, una pipa, una copa de brandy: tres placeres que envenenan dulce y calladamente."
"Escribo para que otros puedan volver a vivir mi vida. Eso me obliga a hacerla interesante."
"Bien contada en letras de imprenta, hasta la vida más anodina puede resultar inolvidable."
"Quien quiera conocer mi verdadera biografía, que husmee en el libro de préstamos de mi bibliotecaria".
"Los cementerios tienen mucha relación con las bibliotecas: en unos descansan los cuerpos; en las otras, bullen incansables las almas."
"Toda la vida es un solo instante. Ahora."
"Juntar palabras está al alcance de cualquiera. A entretener llegan unos cuantos. A conmover, sólo los grandes."
“Leo libros porque la vida es demasiado real para ser cierta”
"Le dije que su libro era inolvidable. Extrañamente, lo tomó como un cumplido."
"Solamente un libro temo leer: el último."
"Toda novela falsea la realidad, del mismo modo que un mapa de Francia no es Francia. Por eso precisamente leo ficción; para comprobar que no estoy perdido."
"Hoy en día todo el mundo escribe; muchos publican; algunos incluso son leídos; pero el número de los verdaderos escritores cabe en un coche de caballos."
"De libros, como de salud, de amor o de sueños, nunca tenemos en demasía".
"Ayer me preguntaron por la clave de mi éxito literario. En realidad es algo bastante sencillo: escribir sólo por las mañanas, tomar un coñac y una siesta después de comer, y vender muchos libros"
"Hay tres cosas de las que, por naturaleza, desconfío: la sonrisa de un banquero, las promesas de un político y las alabanzas de un crítico".
"Le dije que esperaba mucho más de su capacidad literaria. Creo que no me entendió. Sus libros continuaron siendo igual de malos, pero en cambio pasaron a tener el doble de páginas".
"Los dedos que tocan el mundo son los dedos que leen el mundo. El milagro que Louis Braille hizo posible".
"El mundo existe para ser leído. Esa es la mejor manera de entenderlo. Sin libros, la vida sería demasiado extraña".
"Si en el cielo tienen biblioteca, creo que la eternidad se me va a hacer muy corta".
"El día que deje de leer, id llamando a la funeraria. Una parte de mí habrá muerto ya".
"Los escritores somos un poco como los gobernantes: aprendices de dioses. Organizamos el mundo a nuestro antojo, dictamos leyes, señalamos destinos, construimos y aniquilamos. Con la ventaja de que el lector no tiene que esperar cuatro años si quiere vernos desaparecer. Le basta con cerrar su libro".
"¿Qué me gustaría que me dijeran de mi obra? "Maldigo el tiempo que no ha dedicado usted a escribir".
"Los banqueros no tienen amigos. Se lo prohíbe su código deontológico."
"Leyendo a algunos autores, asombra la cantidad de palabras que hay que escribir sólo para que coloquen tu nombre en la tapa de un libro."
"Cuando Miss Leighton me abordó para solicitarme la opinión sobre su última novela romántica, no pude evitar ser sincero: "Señorita, confieso que he terminado su libro con lágrimas en los ojos, aunque supongo que por los motivos equivocados."
"¡Cuántas veces me he quedado dormido con un libro entre las manos! Otras, en cambio, ha sido el libro el que me ha despertado."
"Toda vida es al fondo un naufragio. Mi trabajo como escritor consiste únicamente en ir dejando mensajes en una botella."
"La labor de un agente literario es un tanto esquizofrénica: sin perder la sonrisa ni la educación, tiene que convencer al autor de lo defectuoso que es su libro y al editor, de lo sensacional que es".
"En este país, la crítica literaria se ha convertido en un concurso de variantes de "El traje nuevo el emperador".
Por mi parte, intentaré seguir hablando de Barkley. A él y a su concepto de la amistad le habría, sin duda, ilusionado.
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