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martes, 14 de junio de 2011

He leído: El mapa del tiempo


   Me animé a leer “El mapa del tiempo” dejándome llevar por reseñas laudatorias, aunque en principio no me seducía la idea de enfrentarme a un libro de ciencia ficción decimonónica, al estilo quizá de Julio Verne. Tampoco el aspecto romántico, o la aparición en escena del Hombre Elefante o H. G. Wells contribuían a mis expectativas sobre la novela. Posiblemente el libro no encajara con mis gustos literarios. A pesar de todo, comencé a leerla.
   En primer lugar, me sorprendió el estilo del autor. Cuidado, elegante, es muy fácil dejarse llevar por él sin darte cuenta. Te introduce completamente en la época y consigue de inmediato suscitar el interés por la historia de amor entre el joven Andrew Harrington y una prostituta, Mary Kelly. La muerte de ésta pone en marcha una narración paralela de viajes en el tiempo que Félix Palma maneja con maestría, acelerando el paso de la trama sin perder en ningún momento la calidad literaria. Sucesivos golpes de efecto van manteniendo al lector pegado a sus páginas, mientras los hilos de la historia se van entretejiendo delante de sus ojos.
     Al final debo confesar que me he zampado con avidez las historias de amor, la ciencia ficción, el Londres victoriano, los viajes en el tiempo, H.G. Wells y lo que el autor hubiera querido. Novela de entretenimiento de calidad, a la que sólo puedo poner un pequeño reparo: en alguna ocasión la mezcla de planos entre el futuro y el presente narrativos se me hizo un poco confusa. Por lo demás, pleno disfrute literario de principio a fin. La recomiendo.

viernes, 10 de junio de 2011

He leído: El círculo alquímico



  Como tenía constancia del exhaustivo proceso de documentación que había precedido a la escritura de esta novela (en Facebook se entera uno de casi todo), me animé a pedirla por correo a la librería Estudio en Escarlata, y de paso que me la enviasen firmada por el autor.
   Puestos en materia (la lectura de libros de Ken Follett o Vargas Llosa hubo de ser pospuesta sine die a causa de la llegada de la nueva novela) me fui sumergiendo en el particular ecosistema literario que su autor, Paco Gómez Escribano, había ido desarrollando en “El círculo alquímico”. La aparición de un fresco del siglo XVI durante unas obras de restauración de la catedral de Toledo da pie a una acción donde, además de un profesor de la UNED, Carlos, su hermana y una amiga de ésta, Reham, van haciendo su entrada en escena curas, mafiosos, policías, agentes del Mossad… y un misterioso personaje, Boris, que parece poseer muchas de las claves de la historia. El núcleo de la trama lo constituye una búsqueda que en principio es artística, pero que según avanza la trama se va volviendo también policíaca, y que lleva a nuestros protagonistas de Toledo a Jerusalén, y de allí a Egipto… Descripciones pormenorizadas, acción, misterio, arte y esoterismo (y amor, también hay amor), configuran una obra entretenida, inteligente y que se lee de un tirón. Algo que, en un panorama literario donde muchas veces se valora más lo rebuscado y lo pedante en detrimento de la historia que se está contando, es muy de agradecer. Y yo, como es de justicia, se lo agradezco a Paco Gómez Escribano.

miércoles, 8 de junio de 2011

He leído: El viaje del presidente



 Debido a que todos tenemos nuestros propios prejuicios, no había leído anteriormente ningún libro RA (de Romántica Adulta, supongo que para no confundir con Romántica Adolescente, o con Romántica Anciana, no sé). Imaginaba una acumulación de cursilerías destinadas a lectoras (así, en femenino) de escasa formación, en el que el adjetivo "adulta" lo único que indicaba era que algunas escenas serían más detalladas de lo habitual. De modo que decidí acabar con esos prejuicios y me puse manos a la obra con "El viaje del presidente", de Menchu Garcerán. Lo que me encontré fue, sencillamente, una historia de personajes. Kate Boroni, una periodista que pierde a su marido en un atentado en Afganistán. Y David Sinclair, reportero cansado de ir de aquí para allá, que coincide con ella en la redacción de un periódico por insistencia del director, amigo común. Con un planteamiento simple, la autora hace algo que muchas veces echa de menos el lector: que le cuenten una historia. Una historia de amor, es verdad, pero también de amistad, de intriga, de viajes. La autora no pretende demostrar lo aguda que es, ni su buen diccionario de sinónimos, ni su vasta cultura literaria... sino mantener al lector entretenido, pegado al devenir de los personajes a los que sin darse cuenta les ha ido cogiendo cariño. Eso, en cualquier novela, me parece un gran éxito, y Menchu Garcerán lo ha conseguido plenamente. Así que gracias, además de por el buen rato de lectura, por haber hecho caer otro prejuicio. 

lunes, 6 de junio de 2011

He leído: El bolígrafo de gel verde


  Comencemos por el principio: ¿por qué me he leído “El bolígrafo de gel verde? Reconozcámoslo, Eloy Moreno es un vendedor nato. A los cinco minutos de darme de alta en Facebook, ya tenía constancia de la existencia de este libro. Regularmente me han ido llegando noticias sobre la historia de su elaboración, de su distribución librería a librería, de su publicación por Espasa. En la web, en los periódicos, en la televisión. No podía ignorarlo, sencillamente.
   La novela cuenta la  historia de un informático que se harta de la monotonía de su vida y decide darle un cambio, simbolizado en el bolígrafo de gel verde. Narrada en primera persona, me enganchó desde el principio. Me han gustado las referencias a esas vacaciones de la infancia, contadas como el momento en que todos los futuros eran posibles, y cómo el desarrollo de una vida normal va dando al traste con todas las ilusiones. En esto, me trae a la memoria los “Juegos de la edad tardía”, de Luis Landero. El sinsentido de la monotonía diaria, el ansia por empezar de nuevo la vida. Eloy Moreno juega con los tiempos, sin desvelar en qué ha consistido ese cambio, pero creando suspense en torno a los acontecimientos que lo disparan. La narración se va desplegando con eficacia, a la que solamente pondría dos peros: un par de escenas “escatológicas” que buscan aligerar el tono del relato, pero que actúan como anti-clímax, y el hecho de que todos los personajes utilicen al hablar el mismo estilo del protagonista. Algo disculpable en una obra primeriza, y que no llega a empañar el nivel general de la novela. La lectura ha merecido la pena, y estaré a la espera de su próximo libro.
    Finalmente, destacar que Eloy Moreno ha conseguido algo muy difícil: que la fe en su obra se trasladara a mucha gente (ha logrado entrar en la lista de los más vendidos), sin perder por el camino la ilusión por conquistar a cada lector individual. Enhorabuena.

miércoles, 1 de junio de 2011

He leído: "Mitología de Nueva York"

  

    Llegué hasta este libro gracias a una entrevista con la autora en “Qué Leer”. Además, me gustó el diseño de la portada y tuve en cuenta que había obtenido el premio “Ateneo de Sevilla”. Aposté por ella y me la pedí para Reyes. Reconozco que esperaba la típica novela policiaca, quizá con alguna meditación pseudotrascendente sobre la vida y la sociedad (no hay que olvidar que le habían dado un premio literario). Y me equivoqué. Por completo.

     “Mitología de Nueva York” es una novela policíaca, porque hay crímenes espeluznantes, hay juego ilegal, subastas de arte, y el protagonista es confidente de la poli. Hasta ahí, todo normal. Lo que no es normal es el despliegue literario que hace Vanessa Montfort. Sin perder en ningún momento el interés detectivesco de la trama, la narración se desarrolla en varios planos: el del teórico autor del libro (Benedict Abbott), el del protagonista (Dan Rogers), el de una lectora de la novela (Laura, una pintora sin éxito) y el del propio lector, que de alguna manera deja de ser un elemento exterior al libro para convertirse en un elemento más de la propia obra, en cuanto que va recibiendo las confidencias del protagonista en una lectura paralela de lo que está sucediendo. Sin olvidar que el Nueva York donde se desarrolla la acción es también un poco –o más bien bastante- la ciudad que cada uno lleva en su mitología y en su memoria particulares. 

         Todo ello conforma una obra diferente, que sorprende y arrastra, que seduce con un lenguaje brillante y  acertado, y en la que el lector ya no es un mero espectador pasivo de lo que está sucediendo. Algo que, dicho sea de paso, no me sucedía desde que cayó entre mis manos “Rayuela”, hace ya casi treinta años. En “Mitología de Nueva York”, el lector se convierte de alguna manera en personaje, y los personajes cobran vida propia (de hecho, Dan Rogers es amigo mío del Facebook). Este es un libro en el que se disfruta de la trama, del texto y del acto de leer. Que son tres cosas diferentes, y que no conviene confundir. Vanessa Montfort sabe unirlas de una forma magistral en una obra que no puedo menos que recomendar sin reservas.