viernes, 29 de julio de 2011

La clave para vender libros

  La finalidad de todo escritor es una: vender libros. Ciertamente, confesarlo de forma abierta queda muy feo. Por eso te hablan de la complicidad con el lector, de la necesidad íntima de contar historias, de los mundos interiores y de no sé cuántas más cosas, que los escritores son muy creativos para eso. Pero el libro es un objeto que se vende en las librerías, y decir que vives de la literatura –y que además vives bien- mola mucho. Umberto Eco contaba con deleite que, después del enorme éxito de “El nombre de la rosa” (más de quince millones de ejemplares vendidos en todo el mundo), disfrutaba de viajar en primera clase, de no mirar la cuenta al pagar en los restaurantes, y de todos esos placeres que el resto de los mortales critica en los banqueros pero admira en los literatos de fama.

   ¿Y qué es lo que hace que un libro se venda? He ahí la pregunta clave. Veamos qué factores pueden ayudar a convertir una obra literaria en un best-seller.

  1. La calidad. La pongo para que luego no me digan que se me ha olvidado. Pero para saber que un libro es bueno, primero hay que comprarlo y leerlo, ¿no?
  2. Las críticas elogiosas. Eso requiere contestar antes a la pregunta: ¿alguien se las toma en serio a la hora de adquirir un libro?  Y los que lo hacen así, a la segunda “obra maestra” que les cuelan como “una voz personal que relata un universo desestructurado en el que el narrador desaparece entre capas de simbolismos”, ya no vuelven a picar.
  3. El boca-oreja. Falso. Si tu cuñada te dice: “Me he leído un libro buenísimo”, tu respuesta inmediata es: “Préstamelo”. ¿Para qué me voy a gastar 20 euros en un artículo que me puede dejar mi cuñada gratis?
  4. Ser un autor famoso. En psicología se conoce como “heurístico de disponibilidad”. En el mismo escaparate se encuentran una obra maestra del desconocido autor Juan Pérez Martínez y la última novela de Ken Follett. Usted quiere hacer un regalo y dispone de veinte euros y dos minutos para elegir, antes de pasar a la sección de perfumería. Rápido.
  5. Las portadas. Cuando se trata de elegir entre dos o más autores poco conocidos, la portada -y con ella el título- es determinante. La contraportada, en cambio, ilustra poco. Por lo general, se trata de una serie de palabras entrecomilladas de algún periódico o de algún autor famoso: “Impresionante” (Daily Mail), “Lo mejor que he leído en mi vida” (Magnus Ingaldsen), y así. Pero una portada bien diseñada y un título impactante pueden vender mucho. Tenga en cuenta que en la mayoría de los casos es lo único que se leerán de su libro.
  6. El escaparate de la librería. Para mí, la clave del éxito literario. Usted entra en una librería, y se encuentra toda una pared empapelada con la antedicha novela de Juan Pérez, “La insoportable brevedad del mar”, por poner un ejemplo. E inmediatamente se maldice a sí mismo por no conocer al tal Juan Pérez, y se apresta a llevar a su casa el libro, pensando que si el librero los ha puesto ahí, es porque se los quitan de las manos, y que tantos lectores no pueden estar equivocados...
        Moraleja: escriba usted el libro que le salga del teclado, pero sobre todo hágase con una buena portada y veinte metros cuadrados de pared en las librerías. Best-seller asegurado, se lo digo yo. De nada.

domingo, 24 de julio de 2011

Mi canon particular

   Aunque la palabra "canon", entendida como las obras que forman parte imprescindible de la cultura occidental, tiene pretensiones de universalidad, los siguientes libros solamente representan mis "imprescindibles", aquellos volúmenes a los que vuelvo una y otra vez, o los que dejaron una huella que el tiempo ha revelado imborrable.

1.- La Biblia. Tanto desde el punto de vista religioso como desde cualquier otro, una obra inagotable.
2.- "Rayuela", de Julio Cortázar. Ya he dedicado otra entrada a esta novela, que tanto ha significado para mí.
3.- "Juegos de la edad tardía", de Luis Landero. La crisis de la madurez, retratada fenomenalmente por Landero. Para mí, un clásico del siglo XX.
4.- "La fea burguesía", de Miguel Espinosa. El retrato del espíritu del franquismo, con un lenguaje propio e inimitable. 
5.- "El astillero", de Juan Carlos Onetti. Un libro que me hipnotizó cuando tenía 20 años, y que releo en pequeños sorbos. Una prosa que me sorprende y me cautiva a la vez.
6.- El Oxford Dictionary. Curiosear por sus páginas, un paseo por el espíritu inglés a través de su vocabulario. 
7.- "Archipiélago Gulag", de Alexander Solchenitsin. Me impresionó su radiografía de la tiranía soviética, su lucidez insobornable.
8.- "El nombre de la rosa". A mi modo de ver, la novela ideal. Un libro que se lee a la vez como una novela de misterio y como un libro de filosofía.
9.- "Las cenizas de Ángela", de Franck McCourt. Me gustó mucho en español y volvía a leerlo en versión original, donde lo disfruté aún más.
10.- "El testamento francés", de Andrei Makine. Otro de mis libros favoritos, con el que me siento muy identificado.
     Como puede verse, pocos clásicos y nada de filosofía. Salvo la Biblia, no he llegado a ninguno de los otros libros por recomendación, o por su aparición en las historias de la literatura. Me encontré con ellos, o ellos me encontraron a mí...

jueves, 21 de julio de 2011

¿Por qué escribimos?


  Partamos del hecho de que escribir está al alcance de casi cualquiera. Publicar, no tanto, aunque tampoco parece que sea misión imposible. El año pasado, sin ir más lejos, se publicaron en España 72.206 títulos, lo que nos puede hacer creer, de buenas a primeras, que la escritura (y aquí van incluidas las traducciones) es el deporte nacional.  ¿Qué oscuros motivos impulsan a tanta gente a ponerse delante de un procesador de textos y teclear palabra tras palabra hasta llenar los folios suficientes para que puedan ser dados a la imprenta? ¿Hay un patrón detrás de tan extraña conducta?

    Si atendemos a las declaraciones de los escritores, la mayoría ha sentido desde la más tierna infancia la necesidad de contar historias, de elaborar y poner negro sobre blanco su particular universo de ficción. ¿Eso es todo? Elaborar un universo de ficción y vivir de él es mucho más rentable si te haces político, por ejemplo. ¿Qué más hay?  Algunos hablan también de la vida del novelista, mitificada hasta el exceso por las películas. La soledad del escritor de fondo, desarmado ante el folio virgen, la Underwood, un vaso de whisky y un montón de facturas por pagar. No lo creo, ya no se lleva la estética de la generación perdida. Pero… ¿y el glamur? Los 100 millones del Planeta, los cócteles con gente interesante, las largas colas para conseguir una firma…sólo son posibles si eres escritor. (Bueno, para los cócteles igual vale ser diplomático o noble, pero para lo primero hay que estudiar mucho, y para lo segundo saber nacer en el lugar adecuado). Mantengo serias dudas sobre el particular.
     La gente escribe, creo yo, porque es lo primero que te enseñan en el colegio: “Jerónimo veranea en Jávea”, rezaba la muestra en las cartillas Rubio de nuestra infancia. Eso marca a cualquiera. Te pones a escribir, y en cuanto te dicen “Muy bien, Jaimito”, y te ponen una B mayúscula con rotulador sobre el copiado, sabes que ese primer elogio llama a otro, y éste a otro, y éste a otro… Cuando te vas a dar cuenta, te has convertido en un escritor, y ya no hay forma humana de dejarlo.

martes, 19 de julio de 2011

Elogio de la lectura

   En las condiciones más adversas, un libro es capaz de crear su propio universo dentro de nosotros, de hacernos vivir otra vida, que también es nuestra vida. Los libros nos han animado, nos han consolado, nos han estimulado a ser mejores, a ser la mejor versión de nosotros mismos. Me duele entrar a una casa y ver  las estanterías vacías de libros (y no por falta de dinero) y llenas de fruslerías Made in China, contemplar la soledad de la bibliotecaria municipal, los jóvenes en el parque jugueteando con el móvil, la cara de asco que pone algún sobrino cuando le regalas una novela juvenil... Pero... ¿qué daño les habrán hecho esos objetos? ¿Quién los habrá vacunado contra la increíble aventura de leer? Quizá -digo yo- la lectura sea un placer que requiera de ciertas carencias (de riqueza, de afecto, de superficialidades) para ser disfrutado. O quizá no lo valoramos porque está prácticamente al alcance de todo el mundo. No lo sé. El caso es que cuento los libros que he hecho el propósito de leer, calculo los años que me quedan de vida (tirando por lo alto, eso sí), y me arrepiento de inmediato de estar delante del ordenador en lugar de entregarme plácidamente al vicio lector.

domingo, 17 de julio de 2011

Más citas de William Jonas Barkley

   Dedicadas a todos los seguidores que el inefable Mr Barkley tiene por el ciberespacio, aquí publico otro puñado de citas, extraídas de la vida y anecdotario de este curioso autor:


‎"Prefiero mil críticas sinceras a una alabanza ficticia. Pero, entre usted y yo, lo que de verdad me gusta son las alabanzas sinceras".

"Leer un libro es como conquistar un territorio salvaje. Al comienzo, es tu adversario. Cuando terminas, lo amas sin remedio, porque su geografía acogió el viaje de tu espíritu".

“Escribo para saber quién soy, pero leo para ser otro. Lo que todavía no sé es de cuál de los dos se enamoró mi mujer”.

‎"No existe término medio: cuando alguien necesita más de un volumen para contar una historia, o se trata de una obra maestra o es un pedrusco".
‎"De día, leo; de noche, sueño. Así que sólo piso la realidad cuando estoy escribiendo".

"¿Pasar a la posteridad? Sinceramente, la única posteridad que me interesa es aquella en la que pueda estar yo presente".

‎"Mis amigos me lo perdonan todo, excepto un libro malo"

‎"Sin amigos, la vida no sería más que una larga siesta perruna"

‎"Dicen que en la traducción al alemán, su libro mejora mucho. Estoy completamente seguro. Lo imposible era empeorarlo".

‎"Los libros y yo hemos hecho un pacto: yo les entrego mi tiempo y ellos me dan su vida".

‎"El país de la imaginación... Allí están mi cuna, mi hogar y mi bandera".

‎"Nuestra vida existe para un libro. Unos lo escriben, una y otra vez. Otros en cambio lo viven, esperando que sea otro quien lo escriba. Yo espero pertenecer a ambas categorías."

"Publiqué mi primer libro con seudónimo. Casualmente, mi padre compró un ejemplar, lo leyó y me lo dejó caer sobre el escritorio, diciéndome: 'Tú que te las das de escritor, mira a ver si puedes superar esto'. Desde entonces, no he hecho otra cosa que intentarlo".

"Cuando el visitante contempló mi biblioteca, exclamó: "Estos libros le habrán costado una fortuna..." Tuve que contestarle: "Estos libros, mi querido amigo, SON la fortuna".

viernes, 15 de julio de 2011

Sobre vocaciones tardías


    La literaria, como cualquier otra carrera, debe mucho a la paciencia y a la perseverancia. Todos hemos oído historias de manuscritos arrojados a la basura, de rechazos editoriales, del largo camino de incomprensión, trabajo, más incomprensión y más trabajo que precede al éxito. J.K. Rowling, por ejemplo, recibió una veintena de cartas de rechazo antes de vender millones de copias de la saga de Harry Potter, y cuentan que tenía antes que esperar a que le devolvieran el manuscrito para enviarlo a otra editorial, porque el dinero no le daba ni para fotocopias. Así que los primeros consejos que recibe un aspirante a escritor son: no te desesperes, inténtalo una y otra vez, escribe y vuelve a escribir, corrige, no dejes lugar al desánimo, confía en ti mismo…
     Todo lo anterior está muy bien si eres joven y quieres empezar una larga vida literaria: lo mejor será que vayas modelando tu espíritu por los caminos de la resistencia, la resignación y la impermeabilidad al desaliento. Estupendo. Pero, ¿y los que ya no tenemos edad ni paciencia para empezar el largo camino de sufrimiento y soledad hacia el estrellato literario? No hay problema. También tenemos nuestros propios modelos de vocaciones tardías. Ildefonso Falcones, por ejemplo. Es de mi edad. Abogado de profesión, tardó cinco años en escribir su primera novela, “La catedral del mar”, la publicó a los 46 y fue un éxito de ventas. John Verdon, publicista jubilado, ha vendido sólo en España 200.000 copias de su primer libro “Sé lo que estás pensando”. O Leopoldo Abadía, profesor también jubilado, que revolucionó primero Internet y luego las librerías con su “Crisis ninja”.  Por no hablar de mi querido Frank McCourt: sufridor profesional y colega en esto de la enseñanza, se decidió a escribir su historia cuando se retiró de las aulas. “Las cenizas de Ángela” fue premio Pulitzer, best-seller mundial y llevada al cine por Alan Parker. Sin contar con muchos otros casos que por desidia no me he molestado en investigar, y que hacen que la literatura no sea territorio exclusivo de personalidades perseverantes y obstinadas.

Moraleja: nunca es tarde para empezar a ser un escritor de éxito. ¡Abueletes al poder!

jueves, 14 de julio de 2011

Cómo hacer para que te publiquen


   Nervios en la red. El universo editorial está cambiando. Caos digital. Todo el mundo quiere publicar su libro. Lulu.com, Bubok, deje de lamentarse y hágaselo usted mismo. Las editoriales no aceptan autores noveles. Los agentes, menos. ¿O sí? Historias de éxito: “El bolígrafo de gel verde” lo distribuía el propio autor por las librerías, hasta que se fijó Espasa. Autoedición, coedición, premios literarios, Amazon, libro electrónico, agente literario, ¿cuál es el camino? John Locke se hace millonario vendiendo libros sin editorial. Usted puede ser el siguiente, esto es el siglo XXI. Facebook hierve de pequeñas noticias: ¡me publican!, ¡tengo agente! Los blogs se llenan de comentarios y cuchicheos. Titulas una entrada: “Cómo hacer para que te publiquen” y multiplicas por diez las visitas. Ruido literario, que no afecta a los consagrados. Ellos seguirán publicando, porque el libro con su nombre en la portada es un regalo que no pasa de moda. Codazos en el pelotón de los noveles, cualquier avance es ya una victoria. Veo todo eso y me da pereza terminar mi libro, formar parte de la legión de “espontáneos” en busca de una oportunidad. Mientras tanto, voy a ver si suben las visitas al blog, que lo tengo un poco descuidado. Empecemos por poner un título que atraiga.