A comienzos del siglo XXI, la televisión parecía haberse apoderado por completo de la humanidad. Era el aparato que todos tenían, ricos y pobres, y que solía hipnotizar a la familia entera en la sala de estar, dejando para más tarde conversaciones, paseos, hobbies… “Poner la tele” era un acto tan reflejo e inconsciente como respirar, y daba la impresión de que el dominio televisivo era ya total. Pero sólo en apariencia.
Cuando todos los hogares tenían su televisor, generalmente en el salón, las discusiones sobre qué programa ver se saldaron en última instancia con la compra de nuevos aparatos, uno para cada habitación o cada miembro de la familia. La televisión ya no congregaba a la unidad familiar, sino que la disgregaba, sumiéndola en un autismo total.
Por si esto fuera poco, dos nuevas mutaciones del virus volvieron a renovar por completo el parque de televisores en nuestro país: la llegada de la TDT (con el consiguiente apagón digital) y los nuevos aparatos de pantalla plana. Con los televisores planos (plasma, LCD, LED..) el virus cogió nuevo impulso: los televisores de rayos catódicos pasaron a mejor vida, y el televisor salió de los hogares para ocupar toda parcela imaginable de la actividad humana: salas de espera, tiendas, ascensores, estaciones de metro, hasta en los teléfonos móviles… La televisión se hace gigante (con pantallas de hasta 50 pulgadas) y enana (con la TV en el móvil o en el reloj). Las nuevas cadenas, por su parte, competían por los minutos de atención de los usuarios (el conocido “share”) y lo asaltaban con contenidos cada vez más desquiciados y estrambóticos: desde Gran Hermano, el concepto de “telebasura” ha ido asentándose imparable en nuestra sociedad.
Desde entonces, se suceden mutaciones menores: la alta definición, las tres dimensiones… La televisión nos ha invadido totalmente, y se ha apoderado de nuestras vidas. Lo que comenzó siendo una curiosidad para gente adinerada, ha terminado ocupando el lugar de honor en nuestro quehacer cotidiano. De tal manera que, muy posiblemente, lo último que veamos antes de abandonar este mundo, en la habitación de un hospital, sea esto:
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Primera parte.
Segunda parte.
Tercera parte.
Cuarta parte.
Quinta parte.
Sexta parte.
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