viernes, 25 de mayo de 2012

Para seguidores de W. J. Barkley


Como tiene que haber gente para todo, hay personas a las que les gustan las frases más o menos lapidarias de William Jonas Barkley. En atención a ellos dejo aquí las últimas citas de tan peculiar personaje:


"A veces la literatura no es más que la coartada de una vida insatisfecha... Bendita coartada y bendita insatisfacción" 

"Todo bibliófilo es un sibarita. A los que leen compulsivamente los llamo bibliófagos, y suelen hacer mala digestión". 

"La vida es lo que queda cuando descontamos los impuestos, los titulares de los periódicos y las visitas de la suegra". 

"Un pedante es quien espera que los demás encuentren en sus palabras significados que él no ha puesto".

"Sabes que tienes éxito cuando nadie se atreve a decirte lo mal que llevas el nudo de la corbata".

"La escritura es una reduplicación de la vida... a un precio mucho más barato y sin necesidad de molestar a nadie". 

"Citar es como llevar un abrigo usado: todo el mundo sabe que no es tuyo, y sólo le queda bien a su propietario original" 

"Escribir, en muchas ocasiones, consiste en olvidar que eres adulto y volver a creer que el mundo es un lugar donde cualquier cosa es posible"

"Firmar libros es un poco como hacerlo con cheques al portador. El firmante es responsable de que haya fondos".

"Como escritor, lamento profundamente el comportamiento de muchos de mis personajes. Pero no hay nada que pueda hacer: forma parte de la grandeza de mi oficio".

"La fama es como tener miles de espejos en casa: aunque reflejen muchas sonrisas, en realidad estás solo". 

"Cuando leemos, la gramática nos garantiza que jugamos al mismo juego que el autor. La literatura consiste en convertir esas leyes en laberintos, o muñecas rusas, y que el lector disfrute del desconcierto". 

"Para evitar caer en la tentación del realismo, la literatura tiene que ser verosímil".

jueves, 24 de mayo de 2012

Cinco preguntas impertinentes a: Marta Querol Benèch

 Comenzamos hoy en el blog una serie de entrevistas breves a escritores. El formato intenta dar un toque ligeramente "ácido" a las preguntas, de manera que en un espacio pequeño podamos tener una instantánea del autor en cuestión. Nuestra primera invitada es Marta Querol Benèch, escritora valenciana, que fue finalista en la edición 2007 del Premio Planeta con su novela "El final del Ave Fénix", una saga familiar publicada primero en papel y más tarde en digital con Amazon. Su segunda novela, "Las guerras de Elena", ya está a la venta.


1. Marta, tú has publicado tanto en papel como en digital. ¿Qué satisface más: ver a tu “hijo” literario en el escaparate de una librería o comprobar cómo se va situando en el ranking de Amazon?

Difícil pregunta, es como aquella de a quien quieres más, a tu padre o a tu madre. La emoción que sentí el día que tuve el primer ejemplar de "El final del ave Fénix" en las manos, un 28 de noviembre de 2008, no se me olvidará. Fue algo mágico y además llegó en un momento (y me refiero a la fecha y la hora) muy significativo, como si fuera una señal. Soy mayor, y sigo prefiriendo el formato papel aunque me siento muy bien con el digital. Pero también fue como suele decirse un «subidón» verla por fin en el número 1 de un ranking tan complicado y competido como el de Amazon y mantenerse ahí durante semanas.

2. Tu novela “El final del Ave Fénix” te llevó a viajar a la entrega de los Premios Planeta como finalista. ¿Te llegaste a ver a ti misma en lo más alto del podio, o uno va ya con la sensación (o el convencimiento) de que forma un poco parte del decorado de la gala?
  Pues no, no me vi. Es más, antes de acabar la cena me acerqué a Boris Izaguirre para pedirle una foto porque lo tenía cerca de mi mesa y sabía que era uno de los ganadores. Millás estaba más cerca del escenario y no pude verlo, pero quería una foto de recuerdo con los dos ganadores y solo podía conseguirla si la pedía antes de que se fallara y la prensa los copara. Yo lo tenía muy claro que había llegado a lo máximo que podía ya no aspirar, sino soñar, y estoy muy feliz por ello. Y soy realista, mi novela no podía ganar, no por cómo funciona el premio y que yo fuera una autora novel, sino porque entonces empezaba, desconocía muchas cosas, y a mi novela le faltaba mucho trabajo para poderse publicar, aunque la base era buena. La trabajé un año adicional después de quedar finalista en el premio, tras hablar con varios profesionales del mundo literario que me orientaron, y el resultado es el que se publicó finalmente.

3. Tu primera novela tiene un marco histórico y temporal particularmente conflictivo: República, Guerra Civil y postguerra. Mientras la estabas escribiendo... ¿llevabas un especial cuidado, temiendo que se hiciera una lectura política de cada palabra (y de cada omisión) en el texto?
   Mientras la escribía no, porque nunca pensé que se llegara a publicar y con los amigos que pudieran leerla ese tipo de cosas no son problema, todo se puede hablar. Lo que sí me plantee desde el principio fue que no quería hacer una novela sobre la Guerra Civil ni la dictadura, de bandos, con buenos y malos, ni adoctrinar a nadie ni en una ni en otra dirección. Creo que ya hay mucho de eso y no es lo que me apetecía escribir. Lo que quería era contar la vida de la gente, sus problemas, como se sentían y hacerlo durante todo el siglo pasado empezando en el 34.
    Pero me he encontrado con opiniones para todos los gustos, desde quien ha agradecido la ausencia de disquisiciones políticas hasta quien me lo ha echado en cara porque esperaban una novela de corte denuncia social.

4. Además de tus novelas, estuviste durante un tiempo escribiendo una columna en el diario valenciano “Las Provincias”. ¿Cómo fue tu experiencia allí? ¿Consideras que para escribir en la prensa diaria –y que te lean- hace falta ser un pelín “provocador”?
   La verdad es que nunca me imaginé que escribiría de forma periódica en un diario, y lo estuve haciendo durante cuatro alos cada semana a raíz de quedar finalista en el Planeta. La experiencia me gustó mucho, y de hecho al dejar el periódico abrí mi blog personal porque quería seguir con ello aunque de otra forma. Me sorprendió que nunca me censuraran o recomendaran tocar o no tocar determinados temas. Cada semana yo decidía y enviaba el artículo, y lo publicaban sin más. Aprendí a sintetizar, a ceñirme al espacio y al número de palabras, y me obligó a mantenerme bien informada.
En cuanto a ser provocador, creo que cada uno tiene su estilo. A mí me gusta la frescura a la hora de expresarse, el ser directo y llamar las cosas por su nombre, y cuando la ocasión lo permite darle un toque de humor. Y así es cómo intenté escribirlas.

5. Y por último, hablemos un poco de la “generación Kindle”. ¿Tenéis algún valor literario en común, o sólo se trata de un grupo de escritores que estabais en el lugar oportuno en el momento oportuno?
 Creo que es lo segundo. No somos una «generación» al uso. Somos como una especie de efecto 2000 literario, los representantes de un cambio en la forma de llegar a los lectores que se irá imponiendo, pero literariamente hablando no somos una generación. No hay estilos, ni géneros, ni preocupaciones comunes, y desde luego sería presuntuoso pensar que pasaremos a la historia con nombre y apellidos. Simplemente somos los que nos hemos tirado a la piscina de la edición digital y hemos abierto el camino (yo siguiendo el que otros abrieron), con mayor o menor fortuna, y que por ser Amazon la piscina más grande nos han puesto el apellido de Kindle, su e-reader.

      Muchas gracias a Marta Querol por su amabilidad. Para saber más:
- Twitter de la autora: @Marta_Querol

sábado, 19 de mayo de 2012

Los escritores e Internet



 En el complicado mundo editorial de hoy en día, cualquier ocasión es buena para que se hable del libro de uno. Y como no todos los escritores tienen una editorial grande detrás, que le organice presentaciones, entrevistas para la televisión y anuncios a toda página en la prensa nacional, la necesidad obliga a ser creativos. Así que los autores se han vuelto hacia el lugar donde más gente puede enterarse de la existencia de su obra y (llegado el caso) comprarla y leerla: las redes sociales. Páginas de fans en Facebook, seguidores en Twitter y en el propio blog… En el ciberespacio, la relación con el lector se hace más cercana y cordial, pero tiene también sus pequeños inconvenientes:
-     En primer lugar, consume mucho tiempo. Ganarse amigos y seguidores virtuales es una cosa. Convertirlos en lectores de tu libro, otra. Y a ello hay que dedicar horas interminables: escribir posts ingeniosos y cultos, comentar con agudeza pero sin llegar a herir, intentar ser a la vez cercano y distante, amistoso y altivo… Uno nunca puede estar del todo cierto sobre cuál es la imagen que más le conviene ante cada posible lector. De modo que hay que intentarlo todo, y gastar un tiempo que normalmente se le quita a la escritura.
-         En segundo lugar, te obliga –aunque no quieras- a ser un pesado. Las redes sociales son el reino de lo efímero. Así que no queda más remedio que vender tu producto de todas las formas posibles: la imagen de la portada en tu perfil, enlaces a las críticas recibidas en webs y blogs, comentarios de lectores… Todo lo que pueda ser noticia, desde la foto de tu vecino del cuarto con tu novela entre sus manos a la firma de ejemplares en el Centro Social de Villabotijos, es aprovechable. Tu novela es LO MÁS. Así que no vas a dejar que a tus seguidores y amigos se les olvide. Ni por un solo instante.
-         En tercer lugar, las redes sociales son demasiado democráticas para un verdadero escritor. De hecho, en el caso de algunos grandes, son sus secretarios o la misma editorial quienes se ocupan del tema. Demasiado ruido, demasiadas confianzas, demasiada gente invitándote a que leas su poema a la globalización o su cuento sobre vampiros extraterrestres. Quizá Internet te dé lectores, pero te quita el aura de escritor, de un ser tocado por las musas que no puede ir por ahí pulsando “Me gusta” cada vez que lee un chiste gracioso en Facebook.
-         Y por último, Internet te hace ver tu verdadera dimensión como escritor. Dentro de tu círculo de amigos tal vez seas el único que ha escrito un libro (o incluso que ha leído uno) pero el ciberespacio abunda en ellos: miles y miles de escritores, publicados y sin publicar, que han llenado folios sobre todos los temas imaginables y que piensan, como tú, que su libro es el gran incomprendido del panorama literario mundial. Y que, gracias a Twitter, Facebook y Blogger, eso se va a acabar inmediatamente.
          Nada más lejos de la realidad. Ah, por cierto, ¿saben ya que escribí una novela interesantísima titulada "No todos moriréis" y que me convertirá (cuando la publiquen) en el "Ken Follett español"?  ;-)
        

viernes, 18 de mayo de 2012

He leído: "El final del Ave Fénix", de Marta Querol Benèch



  
Adquirí este libro en Amazon, después de que su autora lo hubiera publicado previamente con dos editoriales diferentes (Centuriones primero, y Aladena más tarde) en papel.
  ¿Por qué me interesó el libro? La obra había llegado a la final del Premio Planeta del año 2007, su autora había dado a conocer el libro en las redes sociales, sus columnas en el periódico valenciano Las Provincias me habían parecido inteligentes y bien escritas… y el precio de la descarga en Amazon era muy tentador.
   Sin embargo, tardé varios meses en ponerme a leerlo. No tengo Kindle, y la lectura en la pantalla del ordenador se me hacía muy cuesta arriba. Así que lo tuve en el apartado de libros pendientes hasta que mi hijo me regaló un iPad. Otra de las ventajas de los libros de Amazon es que puedes leerlos en varios dispositivos (ordenador, móvil, Kindle, iPad…) y continuar por donde has dejado la lectura en cualquiera de ellos. Así que me puse manos a la obra.
   La novela cuenta, fundamentalmente, la historia de dos familias de distinto rango social, los Company y los Lamarc, a lo largo de los años que van desde la República hasta nuestros días. Es, sobre todo, una novela de personajes, de seres de carne y hueso con sus particulares peripecias vitales a lo largo de esas décadas. Marta Querol escribe bien, sin concesiones a la galería (ni literarias, ni políticas, ni históricas…), y eso hace que la lectura sea fluida, agradable. En ese sentido es una narradora a la antigua usanza, que cuenta una historia sin detenerse en florituras lingüísticas o descriptivas que lastren el texto. A mi parecer, quizá el único “pero” que le pondría a la novela se encuentra en las primeras páginas, cuando estás deseando que el narrador ceda la palabra a los protagonistas. Eso sí, una vez que lo hace, la historia y, sobre todo, sus personajes, consiguen atrapar el interés por su verosimilitud y su realismo. Y ya no puedes dejarlos hasta la última página. Seres de carne y hueso, sobre todo Elena, una de las protagonistas, viviendo situaciones reales en un escenario pintado con trazos tenues, sin maniqueísmos ni estridencias político-sociales. Algo muy de agradecer en un escritor, sobre todo en una época en que todo el mundo busca llamar la atención y atraer los focos sobre su libro mediante la provocación o la extravagancia.
    Así que no sólo voy a recomendar la lectura de "El final del Ave Fénix", sino que abajo tenéis los enlaces a la página web de la autora y al sitio de la novela en Amazon.

jueves, 17 de mayo de 2012

Número 2 de "El Síndrome de Stendhal"



  Como muchos estabais deseando, ha salido ya el segundo número de la revista electrónica "El Síndrome de Stendhal". Dos meses después, y tras el notable éxito del primer ejemplar (5.000 visionados en las diferentes plataformas digitales), la revista que dirige y coordina Nat Gaeta ha sido fiel a su cita con los lectores. La editorial digital Letras Kiltras nos abre de nuevo el panorama del cine, la literatura, la música y las artes visuales en los países hispanoparlantes. No voy a dar más pistas. Como dice la propia Nat en la introducción: "Bienvenidos a explorar nuestro número dos".
Pues eso.

(Pulsa en el enlace para acceder).     El Síndrome de Stendhal en Issuu

miércoles, 9 de mayo de 2012

El resurgir de los audiolibros


 Los audiolibros (literatura en formato MP3 para llevar consigo) tienen un floreciente mercado en los países anglosajones: personas con problemas de vista, ancianos, ejecutivos en chándal que hacen footing mientras escuchan la última novela de Stephen King, amas de casa empeñadas en compatibilizar sus lecturas románticas con las labores de la cocina... El audiolibro permite la realización de otras actividades mientras transcurre la narración, algo que no se puede hacer si uno ha de fijar sus ojos en el texto. En nuestro país, en cambio, no acaba de cuajar el sistema. Bien sea porque nos gusta que los demás contemplen la portada del libro que estamos leyendo (sobre todo si es un autor “de culto”, algo que puede decir mucho de nuestro nivel intelectual), bien porque, con los auriculares puestos, podemos dar la impresión de que estamos embelesados escuchando a Manolo Escobar, el caso es que el audiolibro no se ha incorporado a nuestras costumbres lectoras.

   Y, sin embargo, se trata del sistema que la humanidad ha estado utilizando durante milenios. Desde los ancianos de las primitivas tribus nómadas a los juglares medievales, de los predicadores ambulantes al padre que cuenta cuentos a sus hijos antes de dormir, el audiolibro forma parte de nuestro ADN lector. Teniendo en cuenta que la escritura es un invento muy tardío, y que la imprenta y la alfabetización universal son prácticamente de anteayer, la literatura oral constituye una de nuestras tradiciones más antiguas y permanentes. Revivirla a través del lector de mp3 no es más que rendir un pequeño homenaje tecnológico a los contadores de historias que han hecho soñar al ser humano desde que se irguió sobre sus dos pies.

lunes, 7 de mayo de 2012

Renovarse o morir

 
   El autor de este blog lo inició con unos bríos dignos de mejor causa, algo que le consiguió un grupo de lectores formado por gente muy especial (cuyo único defecto consiste precisamente en haberse hecho seguidores de este blog). El trasiego de la vida y la pereza innata de quien esto escribe fueron causa de que las entradas se fueran espaciando en el tiempo, y de que se tuviera que echar mano de William J. Barkley, personaje impostor y pedante donde los haya, para dar una apariencia de seriedad intelectual al blog. Con el fin de no defraudar del todo a las personas que de vez en cuando se dejan caer por estas páginas, he decidido renovar el diseño, el contenido de las entradas, y la frecuencia de las mismas. De igual manera, dejaré de ir escondiéndome detrás del tal Magnus Ingaldsen, teniendo en cuenta mi fracaso a la hora de aprender sueco y que estoy dejando de responder por mi verdadero nombre cuando me llama mi mujer. Es por ello que os invito a permanecer atentos a los monitores. En breves días todo esto irá cambiando poco a poco. Un pequeño paso para mí, pero un gran paso para la humanidad. (Al menos, espero que la humanidad lo comprenda así). Bienvenidos.