Los audiolibros
(literatura en formato MP3 para llevar consigo) tienen un floreciente mercado
en los países anglosajones: personas con problemas de vista, ancianos, ejecutivos
en chándal que hacen footing mientras escuchan la última novela de Stephen
King, amas de casa empeñadas en compatibilizar sus lecturas románticas con las
labores de la cocina... El audiolibro permite la realización de otras
actividades mientras transcurre la narración, algo que no se puede hacer si uno
ha de fijar sus ojos en el texto. En nuestro país, en cambio, no acaba de
cuajar el sistema. Bien sea porque nos gusta que los demás contemplen la
portada del libro que estamos leyendo (sobre todo si es un autor “de culto”,
algo que puede decir mucho de nuestro nivel intelectual), bien porque, con los
auriculares puestos, podemos dar la impresión de que estamos embelesados
escuchando a Manolo Escobar, el caso es que el audiolibro no se ha incorporado
a nuestras costumbres lectoras.
Y, sin embargo, se
trata del sistema que la humanidad ha estado utilizando durante milenios. Desde
los ancianos de las primitivas tribus nómadas a los juglares medievales, de los
predicadores ambulantes al padre que cuenta cuentos a sus hijos antes de
dormir, el audiolibro forma parte de nuestro ADN lector. Teniendo en cuenta que
la escritura es un invento muy tardío, y que la imprenta y la alfabetización
universal son prácticamente de anteayer, la literatura oral constituye una de
nuestras tradiciones más antiguas y permanentes. Revivirla a través del lector
de mp3 no es más que rendir un pequeño homenaje tecnológico a los contadores de
historias que han hecho soñar al ser humano desde que se irguió sobre sus dos
pies.

Pues sí, el ebook o mp3 se convertiría en un contador de historias más en tiempo. Pero esa comunicación no verbal forma parte indispensable del propio cuento...
ResponderEliminarYo, por lo menos, soy de quedarme embelesada mirando al narrador, y cada detalle cuenta! ;)
Saludos!
De cara a las historias cortas, está muy bien. Yo le veo más problemas en el caso de novelas o libros largos, sobre todo si tienes que interrumpir la escucha, o volver atrás... Pero es ideal para las personas que tienen tiempo y tranquilidad para escuchar.
EliminarLa verdad es que yo no uso el audio libro aunque si lo utilicé en su momento y fue para las lecturas obligatorias en inglés y francés, las escuchaba mientras leía y así cuidaba un poquito la pronunciación.
ResponderEliminarNo tengo costumbre de escuchar audiolibros. Pero siempre que puedo me gusta hacer un homenaje a la tradición oral contando cuentos populares o mis propias historias a mis sobrinos.
ResponderEliminar¡Un saludo!