sábado, 24 de septiembre de 2011

Alegrías de la autoedición


  En mis tiempos de estudiante de Magisterio, un compañero llegó un día a clase con varios ejemplares de su propio libro de poemas, cuidadosamente mecanografiado, cortado y grapado. La portada era una cartulina con la fotocopia de un dibujo coloreada a mano. Lo más parecido a un libro que uno podía hacerse entonces en su propia casa, antes de la llegada de las impresoras láser y la encuadernación pegada. El muy bribón fue regalando libros dedicados y firmados a las chicas más guapas (y sin novio) de la clase, que se arremolinaban en torno a él como abejas alrededor de una flor.
  El resto del personal masculino,  por contraste, quedamos como patanes insensibles que no teníamos ni idea de las posibilidades románticas de un simple libro de poesía. Un tipo al que hasta entonces considerábamos más bien feo, canijo y tímido se estaba convirtiendo ante nuestros ojos -más bien ante los ojos de nuestras compañeras- en todo un galán cinematográfico ¡armado únicamente con unos libritos caseros! Desde entonces, algunos ya no consideramos que la autoedición sea tan mala idea. Sobre todo cuando, actualmente, por un poco más de dinero puedes ir a la imprenta más cercana o acudir a ciertos portales de Internet, y en unos cuantos días tener en las manos TU libro. La autoedición no es, desde luego, el mejor camino hacia el best-seller – más bien puede ser una piedra en ese camino- pero, al fin y al cabo, de lo que se trata es de tener tu propio libro. Y que lo sepan tu familia, tus amigos, tus vecinos y tus compañeros de trabajo. La gente que en realidad te importa, qué diantres. 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

¿Para qué sirve la poesía?



  Hace muchos años oí decir a un joven poeta en televisión que “sólo los poetas leen a los poetas”, dando a entender que la poesía era una empresa endogámica, el juego trivial de unos pocos entendidos que se leen y se admiran entre ellos. A esa actividad elitista, que en las escuelas se enseña a analizar y a medir, pero poco a disfrutar, permanece ajeno el común de los mortales. Hablas de poesía con los compañeros, y sólo conocen hasta Miguel Hernández. El resto, simplemente no existe. El verso aburre, no tiene gancho. Los libros de poemas sobreviven en pequeñas ediciones, como delicatessen literarias para paladares exquisitos.
     Quizá –podemos pensar- vivimos en una sociedad que se está liberando de la poesía, como en otros siglos se liberó de la magia o del mito. La “marea digital” se ha llevado por delante muchos fenómenos culturales, por qué no va la poesía a terminar siendo uno de ellos. Yo no lo creo así. El otro día, contemplando a una mujer leyendo versos en el metro, comprendí que la poesía era mucho más que palabras sobre papel, más incluso que el placer estético que nos proporcionan. Leer “Luz… Cuando mis lágrimas te alcancen / la función de mis ojos / ya no será llorar, / sino ver” mientras los viajeros suben y bajan de las estaciones, es sin duda un hecho poético. Un acto de afirmación humana del que estamos cada día más necesitados.

sábado, 17 de septiembre de 2011

¿Adiós al libro de papel?


   La llegada a nuestro país de Amazon, y sus planes para introducir el Kindle y poder descargar los títulos directamente de la web española, ha vuelto a poner de actualidad el tema del futuro del libro de papel. Mi opinión personal es que se trata de dos productos distintos, dirigidos a dos tipos de clientes (o de necesidades) diferentes:
   El libro de papel estará destinado sobre todo a gente relativamente mayor, nostálgicos de una época en que las cosas tenían sabor, olor, textura…, a bibliófilos que quieren su ejemplar firmado por el autor, a personas que buscan un objeto que se pueda hojear, subrayar, tocar y sentir. Y que estén dispuestos a pagar por ello. El “libro de toda la vida”, diremos, hasta que termine convirtiéndose en un objeto de lujo, y el autor de éxito lo sea de verdad cuando pueda decir: “¡Me van a publicar en papel!”
  Pero nuestra sociedad, cómoda y sedentaria, quiere gratificación inmediata. Si yo leo una crítica o un comentario poniendo a un libro por las nubes, y deseo leerlo cuanto antes, tengo dos opciones: o dejo lo que estoy haciendo, voy a la librería más cercana (si es horario comercial), lo pido, y espero que me lo traigan una semana o dos después (vuelta a la librería, “está a punto de venir, quizá mañana”, “ha habido un problema con la distribuidora, habrá que esperar ya al martes”, etc.,  desembolso de 20 euros, y vuelta a casa). O puedo –como ya he hecho en alguna ocasión- entrar a la web de Amazon, descargarlo, pagar 4 euros online y empezar la lectura en poco menos de 2 minutos.
  “Experiencia de usuario”, creo que lo llaman. “La ley del mínimo esfuerzo”, en lenguaje castizo. Veremos qué pasa.

lunes, 12 de septiembre de 2011

¡Que viene Amazon!


     La mayor librería del mundo (aunque mejor podíamos decir “grandes almacenes”, porque venden desde teléfonos móviles a productos de belleza) llega por fin a España. Mis primeras compras en Amazon, hace ya casi diez años, consistían en libros especializados, de segunda mano, que el portal de Jeff Bezos me conseguía en pequeñas librerías de la América profunda. Rápido, seguro y relativamente económico, logré reunir una completa bibliografía para mi tesis doctoral gracias a la librería online que ahora llega a nuestro país.  Y todo antes de que apareciera Kindle y los libros electrónicos, que me permiten elegir una lectura y tenerla a mi disposición en un minuto.
    El gigante americano les ha dado 16 años de ventaja a sus competidores españoles, pero aunque existen tiendas para vender libros en nuestro idioma por Internet, hoy por hoy no existe niguna plataforma que pueda hacerle sombra. “Libranda no vende directamente al cliente final”, leo en su página web. Pues nada, no vendáis, queridos, que es malo. Si Amazon, como parece, va a cobrar 3 euros de gastos de envío y a tardar dos días en hacerte llegar el pedido, al final traerá más cuenta que desplazarse a la librería más cercana. Como leo en un artículo sobre el tema en El País: “Amazon no ha inventado cosas, las ha hecho bien”. Luego vendrán las “madremías”, pero hemos tenido 16 años para aprender.

sábado, 20 de agosto de 2011

William Jonas Barkley, al descubierto


        Noticia de interés para todos aquellos que han buscado (sin éxito, evidentemente) alguna obra de William Jonas Barkley por las bibliotecas o por Google: Magnus Ingaldsen en persona acaba de confesar la impostura. Incapaz de hacer valer sus pensamientos por él mismo, inventó el personaje de Barkley, una ficción dentro de otra ficción: un escritor agudo, irónico, inteligente, algo que él mismo nunca podrá llegar a ser. William Barkley no existe, o nunca existió, o existe como Magnus Ingaldsen (que tampoco existe), o quizá vive en sus lectores, como el resto de autores antiguos. No lo sabremos a ciencia cierta. Para solicitar el perdón de sus seguidores por este juego de identidades sin sentido, aquí van las últimas citas de tan evanescente autor:

"Si no entiende mis silencios, dudo que pueda entender mis palabras..."

"La conducta de los niños es un cinco por ciento herencia, un cinco por ciento educación, y un noventa por ciento lo que les da la gana".

"A mis lectores les tengo mucho respeto. Mi mujer me lee gratis, y lo hace por puro amor. Pero ellos pagan por mis libros, sin conocerme de nada. Los lectores, de alguna manera, me han hecho lo que soy".

"Llega una edad en que eres demasiado viejo para empezar ciertas cosas, y demasiado joven para abandonar otras. La sabiduría consiste en saber cuáles pertenecen a cada categoría".

"Lo de ser escritor no me viene de familia. Mis padres consideraban que inventar historias era un modo como cualquier otro de vivir del engaño. Ellos querían que fuera un hombre decente".

"Hay que abrir muchas ostras para encontrar una perla. Como hay que leer muchos libros para encontrar una obra maestra. Pero no desprecio el resto; como las ostras sin perla, en cierto modo son comestibles". 

"Los libros no me han hecho más listo. Pero me han descubierto lo ignorante que soy".

"Si he de ser sincero, las mejores páginas del libro de mi vida las ha escrito mi mujer. Yo, si acaso, sólo alcanzo a redactar prólogos y epílogos."

"Para quien lleva el veneno de la literatura en la sangre, la realidad está llena de pistas que le apuntan hacia una historia de ficción".

"La lechuza de la sabiduría emprende el vuelo al atardecer; pero las Musas de la literatura emprenden el vuelo cuando les da la gana". 

"Paradójicamente, la adversidad alimenta la imaginación. Si la vida fuera perfecta, no echaríamos de menos la literatura".

"Los escritores somos una raza insaciable: incluso después de haber muerto, continuamos compitiendo por los lectores".

"Ya que me lo pregunta, moriría por un ideal. Idealmente, esto es".

"Mi biblioteca es un almacén de sueños. Por eso procuro tenerla siempre bien surtida".

"La libertad sin libros... vale lo mismo que un cheque sin fondos".

Otras entradas con citas de Barkley (por si alguien ha llegado tarde):
Entrada 1,  Entrada 2, Entrada 3

domingo, 14 de agosto de 2011

Escribir en equipo, ¿tema tabú?


  A raíz de unos comentarios en mi muro de Facebook, me he planteado el tema de los “negros” y el concepto de “autor” en literatura. Quizá sea en los libros donde la autoría va más asociada a la individualidad: el escritor es el que escribe, y punto. El AUTOR. Por ello, en los peldaños más bajos de la carrera de novelista, la autoedición consiste precisamente en que el autor también es editor, publicista y hasta librero de su propia obra. Lo único que no hace es imprimirla. En cambio, el verdadero escritor sólo escribe (si acaso presenta y firma sus libros, y accede a charlas y entrevistas), pues en eso precisamente consiste su arte y su don.
     No sucede así en otras artes. El cine, por ejemplo. En una película de James Cameron, los créditos pueden alcanzar a varios centenares de personas. O en un edificio de Norman Foster, desde su equipo de arquitectos hasta el último albañil se pueden considerar de alguna manera “autores”. El creador es el eslabon más alto, cuya sola firma “vende”, y que actúa a la vez como una especie de esbozador creativo y de control de calidad.
   En literatura, en cambio, ese tema es “tabú”. Aunque todo el mundo sabe que tras algunos nombres famosos hay en realidad un equipo de escritores, unos “negros” que dan forma literaria a una idea. El autor pone esa idea, revisa el producto final, y aparece en la publicidad que lo vende, firma de libros incluida. Los “negros” cobran y callan. No salen en los títulos de crédito (ya es mucho que salgan los traductores en las obras de otros idiomas) ni en los programas de literatura. ¿Es justo? ¿Por qué está mal visto que la actividad literaria sea un trabajo de equipo?

martes, 9 de agosto de 2011

El misterio de los "long sellers"


  Si bien vender muchos libros es la finalidad última (confesada o no) de todo escritor, la realidad es que el tiempo de vida útil de una novela para alcanzar el máximo de ventas es de tan sólo un mes. Publicidad, lanzamiento, presentaciones, librerías… y al almacén. Y vuelta a empezar el ciclo. Si lo consigues, bien. Si no se llega al éxito, aunque sea por circunstancias de oportunidad, fallos en el lanzamiento, etc. no hay segunda oportunidad. Los libros son producto de temporada, como las hortalizas y las frutas. Algunos duran menos en el escaparate que algunas revistas, para desesperación de sus autores, que siempre sueñan con que el hijo de sus esfuerzos se quede a vivir para siempre en la vitrina principal de las librerías.
   Pero varios escritores lo han conseguido: en la lista de libros más vendidos de todos los tiempos hay algunos que acumulan edición tras edición, y que no parecen pasar de moda: “El nombre de la rosa”, “Los pilares de la tierra”, “El señor de los anillos”, “Lo que el viento se llevó”… Novelas que siguen vendiéndose año tras año, y que son la envidia del resto de colegas, que sueñan con tener un “long-seller” – o más; Ken Follett, por ejemplo, lo sigue intentando- en su curriculum.
   ¿Cuál es el secreto de un “long-seller”? Buena pregunta. En un mundo de literatura “de usar y tirar”, conseguir un superventas en cada temporada es un logro al alcance sólo de unos pocos. La permanencia en el mercado año tras año es otra cosa muy diferente, un misterio por desvelar. Se admiten sugerencias.