jueves, 30 de junio de 2011

Ganadores y perdedores.


  En nuestro sistema educativo se ha impuesto desde hace tiempo la promoción automática, y el “esfuerzo” ha llegado a ser algo tan importante como los resultados, o más. Es relativamente normal oír en las sesiones de evaluación: “Ha sacado un 3, pero se ha esforzado. Apruébalo”. Esto, por supuesto, no tiene nada que ver con la vida real, donde se recompensa las cosas bien hechas y se ve mal el fracaso. De hecho, ¿qué pensaríamos cualquiera de nosotros si el fontanero que viene a nuestra casa a arreglar el grifo lo deja peor que antes? ¿Le pagaríamos porque “se ha esforzado mucho” o “lo ha hecho lo mejor que sabía"? Pues los alumnos de hoy son los profesionales de mañana, y no es eso lo que están aprendiendo en la escuela. Yo, desde luego, no quisiera que me operara un médico que aprobó su carrera, en vez de por saber medicina, por “esforzarse mucho”...

       A pesar de la palabrería que usamos muchas veces los profesores, los psicólogos, los psicopedagogos, etc. sobre que lo importante “no es ganar, sino participar”, en la vida hay competencia, con ganadores y perdedores. Algunos consiguen trabajo. Otros no. Algunos consiguen un ascenso en su empleo. Otros no. Nuestra educación, en cambio, está llena de lo que algún autor ha llamado “principio de Alicia en el País de las Maravillas”. ¡Premios para todos! Sólo por participar.  Para aumentar su autoestima (¡!!!!!) Que nadie se sienta mal por no hacer las cosas bien. Promoción automática.  Al contrario de lo que sucede en la vida real, en nuestro sistema educativo los resultados no cuentan. Dice la ley, por ejemplo, respecto a la titulación de ESO:

          Los alumnos que superen todas las materias de la etapa obtendrán el título de Graduado en Educación Secundaria  Obligatoria. Asimismo podrán obtener dicho título aquellos alumnos que hayan finalizado el curso con evaluación negativa en una o dos materias, y excepcionalmente en tres, siempre que el equipo docente considere que la naturaleza y el peso de las mismas en el conjunto de la etapa no les ha impedido alcanzar las competencias básicas y los objetivos de la etapa.

     Eso quiere decir que, de 10 asignaturas, se puede suspender 3 y no pasa nada. Yo no conozco ninguna fábrica en la que, de cada 10 sofás, un trabajador haga 7 (y algunos a medio hacer, como los aprobados con  un 5 son sólo la mitad de una asignatura bien hecha) y le sigan pagando el sueldo. Sacar todo con cincos menos tres suspensas supone una productividad del 40 %. Ninguna empresa que yo conozca aceptaría eso. (Y si lo aceptase, se hundiría en dos días). Pero los alumnos acostumbrados a esa falta de exigencia son los que van a salir luego al mercado laboral.

 Este sistema en realidad produce justo lo contrario de lo que pretende, y se convierte en  un ataque a la verdadera autoestima. A los estudiantes no se les enseña a afrontar y superar el fracaso, a levantarse y continuar luchando; simplemente, se les evita cualquier apariencia de fracaso. Pero, en algún momento, los jóvenes tendrán que aprender a perder. Porque si no han aprendido a fracasar, la vida va a ser para ellos una sorpresa muy, muy desagradable.

miércoles, 29 de junio de 2011

Adolescentes e injusticia


El adolescente medio usa la frase “No es justo” o similares unas 8,6 veces al día. Sin embargo, reconocer que la vida no es justa no es más que reconocer la realidad. El terremoto de Haití, el tsunami, las plagas, las hambrunas... no son justas. La genética no es justa. Los buenos no siempre ganan. No es justo que Fernando Alonso gane en un año lo mismo que 700 profesores juntos, o que Belén Esteban gane más que el presidente del gobierno.
     No podemos controlar la “injusticia” del mundo. Lo que podemos controlar es el modo en que reaccionamos y lo que hacemos para luchar contra ella. Cómo respondamos determinará qué clase de persona seremos.
     Normalmente, las quejas de nuestros hijos sobre la injusticia no tienen nada que ver con la propia justicia, sino que son muchas veces una reacción ante el hecho de que tienen que asumir responsabilidades en su vida; que sus acciones y sus elecciones tienen consecuencias; que para tener dinero en el bolsillo hay que trabajar; que tienes que arreglar lo que has roto; que tienes que pedir perdón cuando haces daño a alguien, que no tienes las recompensas que otros ganaron mientras tú estabas tumbado en la cama jugando con la Play. Nada de esto es injusto.
      Hemos querido que a nuestros hijos no les falte de nada, y han terminado pensando que cuando no tienen todo lo que quieren... no es justo.
       Pero no conseguir lo que quieres no es injusto. La decepción es un síntoma de la vida, no una señal de que el mundo te está tratando mal. El hambre en el mundo es injusta. El cáncer es injusto. No poder hablar en clase cuando a ti te apetece NO es injusto. Que la empresa de tu padre cierre y él se quede en el paro es injusto. Que tengas que bajar el volumen del tocadiscos para que tus hermanos puedan estudiar NO es injusto. Que en el mundo haya 77 millones de niños sin escolarizar es injusto. Que tus amigos tengan un móvil con más megapíxels que el tuyo NO es injusto. Por eso los jóvenes tienen una elección: o eligen sumarse al coro de eternos quejicas o reconocen que tiene que asumir la responsabilidad de su vida y aprender a vivir con ella. Y el papel de los padres en la educación para ejercer la responsabilidad es completamente insustituible.

martes, 28 de junio de 2011

Crepúsculo



Quedará el latido de las palabras, cuando nos hayamos ido.
Quedarán el sentido, el ritmo y la tristeza. Quedará el poema.
Sólo habrá desaparecido el espejismo.

Más sobre William Jonas Barkley

    Para todos aquellos seguidores del blog a los que os gusta el estilo irónico y sentencioso de William Jonas Barkley, aquí he recogido un grupo de las últimas citas que he publicado en mi muro de Facebook. Como su albacea virtual, es mi obligación que se den a conocer, aunque sea en esta humilde página de Internet. Espero que las disfrutéis.

"Las noches son los cambios de página de la vida"

‎"Cuando pago al adquirir un libro, siento la misma emoción que podría albergar el esclavo que está comprando su libertad."

‎"Que el sufrimiento nos pille llorados; el amor, desengañados; y la muerte, leídos".

‎"Desconfío de un escritor cuyas obras completas son más voluminosas que el conjunto de sus lecturas".

‎"Existen dos tipos de buenos novelistas: los que te hacen creíble su ficción, y los que te hacen increíble la realidad".

‎"De alguna manera, publicar una novela es traicionar a sus personajes: los amas durante los meses que dedicas a reconstruir sus vidas, pero terminas vendiéndolos".

"En gran parte, somos lo que leemos, lo que otros han escrito: somos espectadores de otras vidas, sufridores de sentimientos ajenos, discípulos de maestros ya muertos. Nada más. Y nada menos".

"A pesar de ser escritor, existe un grupo de personas que dicen honrarse con mi amistad. Allá ellos".

‎"Escribir es bueno para la neurosis. Los escritores felices rara vez cuentan cosas interesantes".

"No puedo negar que envidio la particular mezcla de negocio y placer que encierra el oficio de librero".

‎"Como autor, la máxima gloria que espero alcanzar entre los que compran mis libros es el homenaje de la relectura".

‎"Cuando veo las bibliotecas vacías, comprendo por qué nos gobiernan estos políticos..."

‎"En vez de a tanto general a caballo, deberíamos llenar nuestras ciudades de monumentos a los humildes maestros que nos enseñaron a leer".

‎"Mi biblioteca es demasiado grande para el tiempo que me queda de vida. Ya noto cierta tristeza en los lomos de los libros que nunca leeré."

Para ir al post anterior sobre William Jonas Barkley, pulsar aquí.

lunes, 27 de junio de 2011

Cinco modos de reconocer a un escritor


¿Ha hecho usted alguna amistad nueva recientemente y tiene la sospecha de que es escritor? ¿Quiere estar seguro antes de prestarle dinero o invitarlo a una celebración familiar? Estos cinco sencillos síntomas le indicarán si sus miedos estaban justificados o no.
  1. Es el sistema más vulgar. Antes de treinta segundos de haberlo conocido, ya le ha hablado de su libro. Método infalible en el 95 % de los casos. ¿Si nos presentan, por ejemplo, a un arquitecto, se dedica inmediatamente a hablarnos del último edificio que ha construido? ¿O nos da un electricista los detalles de la instalación que acaba de hacer? Evidentemente que no, pero un escritor es diferente. La excusa puede ser cualquiera: usted lleva unas gafas de culo de vaso, un suponer, y el escritor le comentará: “¿Sabías que el protagonista de mi última novela lleva unas gafas igualitas a ésas?”
  2. Si ese método no da resultado (hay escritores a los que les gusta que sean los demás los que descubran lo que son), el segundo sistema consiste en enseñarle nuestra biblioteca. Si va directamente a algún best-seller, lo coge y mirándolo como con desprecio va y dice: “Hoy en día publican cualquier cosa. Esto lo podría escribir hasta un niño de cinco años…”, existen muchas posibilidades de que sea escritor. Eso significa además que él, aun siendo un artista del lenguaje, todavía no tiene libros publicados. Y si los tiene, no los compra ni su familia más cercana.
  3. Pero pudiera ser que nos encontremos ante un escritor más bien pudoroso y que vende unas cantidades decentes de libros. Entonces habría que poner en marcha el tercer método. Usted se acerca y le comenta que está escribiendo un libro. Si es escritor, no podrá resistirse a darle consejos sobre los agentes, el mundillo editorial, las dificultades de publicar, los derechos de autor, etc. etc. El problema de este método es que le pedirá el manuscrito para darle su opinión franca y sincera. En ese caso, no se le ocurra decirle que está bloqueado y no logra avanzar con la escritura: eso disparará otra retahíla de consejos para conseguir que las musas fluyan y la creatividad alcance sus cotas máximas.
  4. Si ninguno de los tres métodos funcionara (nos encontraríamos entonces ante un escritor superventas al que usted no ha logrado reconocer), lo más seguro es pedirle su opinión sobre un libro para leer en el verano, tumbados en la playa. Entonces, como el que no quiere la cosa, le hablará de su obra más reciente. Usted no pasará por el sofoco de no haberlo reconocido, y él aprovechará para vender un libro más.
  5. En el raro caso de que hubiese usted topado con algún escritor resistente a los métodos anteriores, deberá acudir a un sistema completamente infalible. Dígale que ha recibido una herencia y que tiene pensado invertir el dinero en algo, como por ejemplo, poner una editorial, pero que entiende poco de libros. Antes de terminar de hablar, ya le habrá expuesto detalladamente las ventajas de publicar su libro, y de la suerte que el destino le ha deparado a usted poniéndolo en su camino.
   No nos dé las gracias por los consejos. Hoy por ti, mañana por mí.

Momentos para la nostalgia


 Para los seguidores de la historia de la televisión de este blog,  en lugar de un DVD de regalo, aquí van unos cuantos vídeos que nos vuelvan durante unos minutos a nuestra infancia más televisiva.
    Mi bella genio:


Embrujada:


Viaje al fondo del mar:

 

Un, dos, tres:


Flipper:


La familia Munster:


Bonanza:


Estos fueron algunos de los ejemplares del virus que se quedó a vivir con nosotros para siempre...

domingo, 26 de junio de 2011

Historia de la televisión (y VII). Dominio total.

A comienzos del siglo XXI, la televisión parecía haberse apoderado por completo de la humanidad. Era el aparato que todos tenían, ricos y pobres, y que solía hipnotizar a la familia entera en la sala de estar, dejando para más tarde conversaciones, paseos, hobbies… “Poner la tele” era un acto tan reflejo e inconsciente como respirar, y daba la impresión de que el dominio televisivo era ya total. Pero sólo en apariencia.
   Cuando todos los hogares tenían su televisor, generalmente en el salón, las discusiones sobre qué programa ver se saldaron en última instancia con la compra de nuevos aparatos, uno para cada habitación o cada miembro de la familia. La televisión ya no congregaba a la unidad familiar, sino que la disgregaba, sumiéndola en un autismo total.
 Por si esto fuera poco, dos nuevas mutaciones del virus volvieron a renovar por completo el parque de televisores en nuestro país: la llegada de la TDT (con el consiguiente apagón digital) y los nuevos aparatos de pantalla plana. Con los televisores planos (plasma, LCD, LED..) el virus cogió nuevo impulso: los televisores de rayos catódicos pasaron a mejor vida, y el televisor salió de los hogares para ocupar toda parcela imaginable de la actividad humana: salas de espera, tiendas, ascensores, estaciones de metro, hasta en los teléfonos móviles… La televisión se hace gigante (con pantallas de hasta 50 pulgadas) y enana (con la TV en el móvil o en el reloj). Las nuevas cadenas, por su parte, competían por los minutos de atención de los usuarios (el conocido “share”) y lo asaltaban con contenidos cada vez más desquiciados y estrambóticos: desde Gran Hermano, el concepto de “telebasura” ha ido asentándose imparable en nuestra sociedad.
Desde entonces, se suceden mutaciones menores: la alta definición, las tres dimensiones… La televisión nos ha invadido totalmente, y se ha apoderado de nuestras vidas. Lo que comenzó siendo una curiosidad para gente adinerada, ha terminado ocupando el lugar de honor en nuestro quehacer cotidiano. De tal manera que, muy posiblemente, lo último que veamos antes de abandonar este mundo, en la habitación de un hospital, sea esto: