En el imaginario popular, muchas profesiones cargan sobre sí con el peso de prejuicios asentados con el paso del tiempo. Así, por ejemplo,el psicólogo es alguien que nada más verte hablar y contemplar tus gestos, puede conocer hasta el último secreto de tu pasado y de tu personalidad. El filósofo, en cambio, es visto muchas veces como una persona que conoce los misterios del universo y del ser, explicados en un lenguaje incomprensible y arcano, al alcance de unos pocos elegidos. El abogado, un individuo insensible y sin escrúpulos, capaz de arrancar al juez un veredicto de inocencia para el mismísimo Diablo, previo pago de la correspondiente minuta. Podríamos seguir con el político, alguien capaz de llamar blanco a lo negro y viceversa sin inmutarse, con tal de alcanzar el poder y sus prebendas. O el funcionario, pasando papeles de un lado a otro de la mesa entre el desayuno y el aperitivo, mientras farfulla indiferente: “Vuelva usted mañana” a quien ose acercársele a solicitar algo.
Frente a todos ellos, el escritor es un ser tocado por las musas, un esclavo trágico del ansia narrativa, un creador de mundos que nos hace disfrutar de ratos inolvidables con el paso de las páginas de su obra… Un semidiós, en suma, que estampa su firma en el ejemplar que le compramos, como un recordatorio de que al fondo es alguien real, que compuso y nos dedicó una historia. Un descendiente directo de los Homero, Cervantes, Shakespeare, Zola, Dickens…, personajes legendarios que adquieren frente a nosotros forma humana: el escritor, cualquier escritor.
(NOTA: Lo anterior no es en absoluto una exageración: durante la presentación de mi único libro publicado, venerables ancianas que no me conocían de nada se dirigieron a que les firmase su ejemplar –que tampoco habían leído- entre elogiosas proclamaciones de devoción literaria y de fidelidad lectora, que me hicieron sonrojar en más de una ocasión. No me había dado cuenta aún: estaban delante de un escritor).

Una curiosas visión del escritor....¿todos tendremos ese aura?....Saludos Magnus.
ResponderEliminarLlevas toda la razón. Cuando no se conoce en profundidad una profesión emerge el estereotipo que nos ayuda a tomar una postura, pero esas posturas son raquíticas visiones basadas en algún rasgo distintivo que obvian la sustancia de cada profesional.
ResponderEliminarSospecho que ese aura (contra el que hay que seguir luchando) deriva de la sacralización del Libro (la Biblia). Como los escritores escriben libros (con minúsculas) son considerados dioses (con minúsculas). Decía antes que es un deber luchar contra la sacralización; igualmente contra la demonización, si uno pretende ser eso que se llama un artista.
ResponderEliminarAbrazos fuertes,
PABLO GONZ
Aunque coincido con Pablo en que el "aura" equivale a la sacralización de un oficio, yo lo relacionaría más con el invento de la imprenta que con la Biblia. La imprenta popularizó el libro hasta extremos insospechados, y el escritor pasó a ser un conocido del populacho, con la consiguiente mitificación que la popularidad lleva consigo.
ResponderEliminarYo creo, Antonio, que todo autor publicado tiene ese halo, en mayor o menor medida (y no, en cambio, los blogueros o incluso los periodistas, muy aficionados también a terminar escribiendo libros).
En lo del estereotipo, como dice el Trovador, efectivamente, es un modo raquítico de ver el mundo, pero a la vez tiene la ventaja de que nos ahorra pensar.
Mi querido Magnus. Soy el vivo ejemplo de que los tópicos sobre los escritores no son ciertos. Ese "aura" de la que hablas es algo que escapa de la realidad, esa visión idílica o romántica de escritora, ese glamour de la profesión tampoco es mi caso. Escribo calzada con las zapatillas de estar por casa, muchas veces en pijama. Suelo hacer una pausa para poner unas lentejas a cocer o planificar la lista de la compra, contesto mails después de poner la lavadora y promociono en las redes sociales cuando ya la he tendido. Procuro encontrar la poesía en los huecos en los que, en lugar de llamarme escritora, me llaman mamá pero por si acaso, siempre llevo en el bolso boli y papel. Yo soy yo, una mujer normal, que hace cosas normales, que vive en una casa normal y que escribe. Besos.
ResponderEliminarYo creo que todos los artistas tenemos un "aura", si lo quieres llamar así, que es lo que nos permite conectar con otra dimensión y dar vida a los mundos imaginarios que creamos en nuestra mente. Esto se puede aplicar también a los pintores, a los músicos, a los fotógrafos,... ¡A cualquiera que cree! Porque la creación siempre es algo solitario y muy propio, algo que te obliga a escribir, pintar, cantar, fotografiar en momentos extraños, cuando sientes esa vibración en tu interior que te proporciona la inspiración y sientes la necesidad imperiosa de dejarla salir.
ResponderEliminarPero de eso a semidiós.... En realidad somos personas corrientes que tenemos una imaginación desbordante y la traspasamos a algún medio para que los demás la disfruten.
¡Un beso Magnus!
Bajo mi humilde opinión, cualquiera que desarrolla un tipo de creación, no es más sino una persona que ha encontrado una vía de escape en esta vida. Alguien que ha aprendido a estar sólo consigo mismo de algún modo y que a fin de cuentas es lo le hace mantenerse vivo en algunos momentos y desolado en su mayor parte por la frustración de no ser lo suficientemente perfecto. Una carga moral indispensable que le hacen a uno ser exigente con su propio ego.
ResponderEliminarDesde mi punto de vista, no importa la vía que se utilice para sentirse lleno y orgulloso. El problema transciende en esas personas que no tienen nada por lo que motivarse cada día, y que para mí, bajo la tristeza, son puras amebas.
Pues yo creo que un escritor es un ser tocado por las musas, sí señor. No solo cuenta historias, tiene el deber de contarlas bien. No solo imagina. Tiene el deber de ir más allá, de hacer que sus historias lleguen a lo profundo de la psique y se incrusten en el alma: que el libro que escriba sea el mejor compañero del lector durante las horas o días que lo tenga entre sus manos.
ResponderEliminarNo importa si el que escribe tiene que cocinar, bañarse, ser un mortal como todos los demás. Cuando se sitúa detrás del teclado se transforma en un semidiós, porque tiene el poder de dar vida y muerte a sus personajes.
B. Miosi
Totalmente de acuerdo con Blanca. Somos dioses creadores: de mundos, de vidas, de leyendas. Tocados por las Musas, y tenemos una responsabilidad; y no es regalarle nuestra firma al primero que nos reconozca por la calle, sino hacerle sentir con nuestra prosa y ser su compañero de viaje durante el tiempo que le lleve completarlo.
ResponderEliminarBesos, Magnus!
Encontré este blog a través de Isabel Barceló y me pareció interesante. Quiero seguir visitándolo. Saludos.
ResponderEliminarGracias a todos por vuestra visita y vuestros comentarios. Aprovecho para dar la bienvenida a xixe, y espero que el blog siga manteniendo su interés.
ResponderEliminarMuy buen blog, Magnus...
ResponderEliminarTe sigo.
Un abrazo.
HD
Magnus, me has dado idea para una entradita en el blog y un comentario en la página de mi novela en FB. Ya te avisaré, te enlazaré, te citaré... Me gusta la gente que me hace pensar =)
ResponderEliminarYa te he dado mi opinión, creo que el artista se quiere creer tal cosa y por eso se convence de que tiene aura. Por supuesto hay gente que admira tu trabajo, que les parece fascinante, pero en general, no es algo que la gente aprecie, a menos que sea tu madre o tu fan ;-)
Gracias por tu visita y tus comentarios, Natalia. Llevas razón en lo que dices, el escritor va perdiendo terreno frente al actor (profesión antes vilipendiada) o al futbolista, como poseedor de ese "aura" de ser encantador de masas. Pero los escritores no han abandonado el mito, pocos se consideran a sí mismos "funcionarios" o incluso "artesanos" de la pluma.
ResponderEliminarUn placer encontrarte en el camino. Mucho mas leerte.
ResponderEliminarUn abrazo amoroso
Muchas gracias por tus palabras, Nerina. Y bienvenida a este humilde blog.
ResponderEliminarEl "aura" también se la ponemos los lectores, maravillados ante los mundos que nos abren los escritores en sus libros. Yo escribo, o al menos es lo intento, poemas que nada tienen que ver con las novelas. Soy una enamorada de la leteratura y reconozco que siento verdadera devoción por los buenos escritores. Como ves, hay devoción y enamoramiento, si ésto no es poner un "aura" al buen escritor...
ResponderEliminarEl escritor tiene el privilegio y la oportunidad de ser visitado por las musas. A veces, la realidad de un escritor lo golpea así mismo.
ResponderEliminarSaludos desde mi blog de escritos.
Hola. En primer lugar estoy totalmente de acuerdo con Bea y con Blanca. Como bien indicas en la entrada todas las profesiones están rodeadas de unos grandes estereotipos, lo tenemos tan asumido que por mucho que nos digan pensamos que realmente todo el mundo es así. Por ejemplo el tema de los funcionarios (me siento algo identificada, trabajo en la administración Pública) porque puedo decir que por lo menos en el sitio que trabajo no se funciona como popularmente se cree, puedo salir media hora y que no me retrase un minuto en fichar que se me cae el pelo. Con respecto a los escritores se piensa que son bohemios y soñadores, personas encerradas en su mundo, me han llegado a decir que somos poco sociales, y no opino que seamos unos antisociales. Todo es diferente según el prima desde el que se mire.
ResponderEliminarFue Pessoa quien escribió que, para vivir, se necesita un semblante. Mucho más en el caso de algunos escritores; más célebres por su imagen, que por su obra.
ResponderEliminarHombre, yo felicitar a alguien por una obra suya, lo haré por consideración a su persona, otra cosa es que lo que lea de ese autor sea de mi agrado o no. Puede ser estupendo amigo, pero como escritor no gustarme lo escribe, (temas que no sean de mi interés o de mi agrado).
ResponderEliminarIr a la presentación de un libro, para que me firmen una obra que no he leído...¿?¿?¿?. No tiene sentido para mí. Primero leo y después si me gusta, voy a la presentación de su libro.
Claro que cada uno es cada uno.